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Domingo, 5 abril 2026
Argentina
5 de abril de 2026
LA IGLESIA ADVIERTE

Semana Santa en clave política

En plena Semana Santa, obispos como Carlos Tissera (Quilmes), Hugo Salaberry (Azul) y Pedro Fournau (Bahía Blanca) alertan sobre el agravamiento de la crisis social, con más demanda de ayuda, pérdida de empleo y fuerte impacto en los sectores más vulnerables. Miradas, análisis y el mensaje pastoral

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La Iglesia Católica volvió a expresar su preocupación por la situación social y económica que atraviesa la Argentina, en un contexto marcado por la caída del empleo, el aumento de la demanda de asistencia y el debilitamiento de redes comunitarias. Desde distintos ámbitos eclesiales coinciden en describir un escenario complejo, con impacto tanto en los sectores más vulnerables como en la clase media, que enfrenta dificultades crecientes para sostener su nivel de vida.

Uno de los ejes centrales señalados es el deterioro del trabajo como principal organizador de la vida social. Se advierte una pérdida de empleo formal y un aumento de estrategias de subsistencia basadas en trabajos informales o múltiples ocupaciones. A esto se suma la paralización de sectores clave como la construcción, históricamente vinculada a la generación de empleo masivo, y el impacto de políticas económicas que afectan a industrias locales, especialmente aquellas intensivas en mano de obra.

Semana Santa en clave política

En paralelo, las organizaciones vinculadas a la Iglesia registran un incremento sostenido en la demanda de ayuda alimentaria y asistencia básica. Sin recurrir a estadísticas formales, describen un “termómetro social” que refleja el aumento de personas que acuden a parroquias y centros comunitarios. Este fenómeno da cuenta de un deterioro de las condiciones de vida y de una mayor presión sobre las estructuras solidarias.

Otro aspecto que genera inquietud es la situación de los sectores medios, cada vez más endeudados y con dificultades para afrontar gastos cotidianos. A la par, los sectores más pobres ven agravadas sus condiciones por el aumento del costo de alimentos, servicios y transporte, lo que impacta directamente en la alimentación y la salud, especialmente en niños y adolescentes.

Las instituciones eclesiales también advierten sobre el debilitamiento de programas sociales y comunitarios, muchos de los cuales dependen de financiamiento estatal. La falta de actualización de estos recursos, en un contexto inflacionario, complica la continuidad de iniciativas clave en áreas como la asistencia alimentaria, la contención social y el acompañamiento de poblaciones vulnerables.

Semana Santa en clave política

En este marco, la Iglesia elevó un reclamo puntual por la situación crítica de las prestaciones vinculadas a la discapacidad. Denunció demoras y desfinanciamiento que ponen en riesgo el funcionamiento de centros de atención y residencias, alertando sobre la posibilidad de interrupción de servicios esenciales. El planteo incluye la exigencia de cumplimiento de la normativa vigente y la necesidad de respuestas urgentes por parte del Estado.

A nivel social, también se observa una creciente preocupación por problemáticas como las adicciones y la ludopatía, especialmente entre jóvenes. Estas situaciones son interpretadas como consecuencia de la falta de oportunidades, la fragilidad de los vínculos comunitarios y la ausencia de políticas de contención sostenidas. Desde esta mirada, se advierte que el avance de estos fenómenos se vincula con contextos de exclusión y vulnerabilidad.

En contraste con este escenario, desde la Iglesia se destaca la persistencia de una búsqueda espiritual y de sentido, especialmente en tiempos de crisis. De cara a la celebración de la Pascua, el mensaje apunta a la necesidad de reconstruir lazos sociales, promover el diálogo y fortalecer la solidaridad. En un contexto atravesado por tensiones y dificultades, se plantea la importancia de la unidad y el compromiso colectivo como caminos posibles para afrontar la crisis.

CARLOS JOSÉ TISSERA - OBISPO DE LA DIÓCESIS DE QUILMES
"La situación social y económica que estamos viviendo la calificaría como preocupante"


Semana Santa en clave política

¿Cómo calificaría la situación social y económica que atraviesa la provincia y el país?

-La situación social y económica que estamos viviendo la calificaría como preocupante. Una de las cuestiones que se observa en estos últimos tiempos es la situación de lo que habitualmente llamamos clase media, que se encuentra muy endeudada, especialmente con sus tarjetas.

En ese contexto, la realidad que atraviesan es compleja: por ejemplo, durante el verano no han podido tomarse las vacaciones a las que estaban acostumbrados, entre otras privaciones.

Creo que ha sido uno de los sectores de la sociedad más golpeados. Por otro lado, el sector más humilde, que históricamente ha estado afectado por distintas dificultades, está, si cabe la expresión, más acostumbrado a privarse de ciertas cosas.

Estas personas cuentan con ingresos provenientes de planes sociales, pero dichos ingresos están muy desajustados frente al aumento de los precios de los alimentos, que se ha ido profundizando. También se han visto muy afectados por el costo de los servicios -luz, agua, gas- y del transporte.

Todo esto lleva a que la gente busque más trabajos para poder sostenerse. Como solemos decir, las “changas” -los trabajos ocasionales- ya no son las de antes; cuesta conseguirlas. También se ve afectado el sector de la construcción: quienes trabajan habitualmente allí notan que ya no existe el mismo nivel de actividad que había anteriormente.

Entonces, toda esta situación resulta preocupante, y especialmente lo relacionado con la salud. Aparecen enfermedades vinculadas a que algunas personas, por no poder costear los medicamentos, los toman de manera irregular o los saltean.

También preocupa la desnutrición, que afecta particularmente a niños y adolescentes en etapa de crecimiento. Al verse privados de alimentos básicos -por ejemplo, la leche, cuyo consumo ha disminuido notablemente-, esto se refleja luego en cuadros de desnutrición y en enfermedades asociadas. Todo esto es realmente preocupante.

¿Se ha incrementado la ayuda y asistencia social de la Iglesia en el último tiempo?

-En nuestra región de Buenos Aires estamos muy preocupados por la asistencia en todos nuestros centros, porque el mayor aporte proviene de programas que tenemos conveniados con la Provincia y la Nación.

En el caso de la Nación, los montos se encuentran prácticamente congelados desde hace mucho tiempo. En la Provincia, también estamos gestionando la actualización de los programas de asistencia a niños y adolescentes.

Estamos en diálogo con el gobierno para ver si es posible incrementar esos montos. Si bien se realizan los depósitos habituales por parte del gobierno provincial, estos quedan desfasados frente al aumento del precio de los alimentos que debemos adquirir.

Esto es lo que más nos preocupa en este momento. Si bien se trata de montos importantes y logramos sostener más o menos el mismo número de asistentes -incluso con cierto incremento-, la situación es cada vez más ajustada.

Por otro lado, las donaciones voluntarias de la gente también han disminuido, ya que a muchas familias apenas les alcanza para cubrir sus propias necesidades básicas.

En algunas campañas se logra recolectar ayuda, pero con mayores dificultades. Actualmente, la diócesis de Quilmes está llevando adelante la campaña de la solidaridad durante la Cuaresma, aunque todavía no contamos con los resultados.

-¿Qué mensaje brindaría a la población en estas Pascuas que se aproximan, teniendo en cuenta el contexto?

Para todos, en estos momentos —especialmente en medio de esta gran crisis mundial—, queremos poner la mirada también en la situación internacional. A raíz de los conflictos bélicos, que el papa Francisco ha definido como una “Tercera Guerra Mundial a pedazos”, se generan consecuencias económicas y sociales muy profundas.

Estos enfrentamientos producen dolor, muerte y también grandes movimientos migratorios.

Por eso, rezamos por la paz. El Papa lo viene pidiendo insistentemente en sus distintas intervenciones, y recientemente ha vuelto a hacer un llamado al cese del fuego y a la búsqueda del diálogo.

En esta Pascua, deseamos la paz para todo el mundo, pero también queremos comprometernos a trabajar por la paz.

Esto implica, en nuestros propios ámbitos, promover el entendimiento, el diálogo y la fraternidad. En medio de las dificultades, es fundamental cuidar y fortalecer los vínculos.

En este tiempo de oración intensa para la Iglesia —la Cuaresma y la Semana Santa— estamos invitados a recorrer un camino de reconciliación: reconciliación con Dios, a través del perdón, pero también reconciliación con los demás.

Por eso, invitamos especialmente a acercarse al sacramento de la reconciliación, a estar en paz con Dios, a pedir perdón y, al mismo tiempo, a construir puentes de fraternidad y diálogo.

Esto comienza en nuestras familias, en nuestros lugares cotidianos, y se proyecta hacia nuestro país y el mundo.

Deseamos que el camino del entendimiento y de la fraternidad nos permita construir un mundo mejor.

Que todos tengan una feliz Pascua y que Dios los bendiga.


HUGO MANUEL SALABERRY - OBISPO DE LA DIÓCESIS DE AZUL
"Estamos en una situación dura, áspera, conflictiva que genera más desunión"


Semana Santa en clave política

-¿Cómo calificaría la situación social y económica que atraviesa la provincia y el país?

-Es extremadamente dura la situación que estamos viviendo. Porque la política de importar productos para bajar precios ya la hemos vivido unas cuantas veces en las últimas décadas; creo que ocho o diez veces.  

Una de las industrias más afectadas siempre es la textil: si se prefieren telas sintéticas a hilo finísimo y natural que se produce en el país por ganancias efímeras que además dejan sin trabajo a mucha gente, no estamos bien. Así podríamos mencionar varias, pero una de las industrias más afectadas es la textil. 

Otro rubro que no ayuda a la situación es la construcción. La construcción admite mano de obra no especializada y mueve alrededor de veinte industrias. Es decir,  integra un amplio abanico de personas y genera un movimiento industrial enorme que incluye a la obra pública. 

Frente a las importaciones como herramienta para bajar los precios, los empresarios pueden tener otros recursos, pero para la mayoría de nuestra gente, el patrimonio es su trabajo. Si no tiene trabajo pierde el patrimonio. Y ahora además le robamos la riqueza que tienen los más pobres que son los hijos con esa ley inicua del aborto, porque aunque sea legal, es un crimen. Y también de lesa humanidad porque la víctima es inocente e indefensa.    

(Recordemos que para juzgar a los nazis, como habían actuado ‘legalmente’ tuvieron que cambiar la ley).

Entonces, afectado el patrimonio que es el trabajo y la riqueza que para mucha de nuestra gente son los hijos, estamos en una situación dura, áspera, conflictiva que genera más desunión. 

El trabajo –de producción, dependiente y con horario- ordena la familia y con los hijos nace la esperanza. 

-¿Se incrementó la ayuda social?

-Nosotros no tenemos estadísticas; tenemos un termómetro que dice que, cuando la gente empieza a venir cada vez más a tu puerta, el asunto no está bien.

-¿Crece la búsqueda espiritual, de la palabra, de un mensaje de aliento pastoral?

-Si no tuviéramos una fe y una esperanza ciertas en que podemos caminar hacia una forma de convivir mejor, no me animaría a hablar. Es algo que creo y, además, lo defiendo con mi vida.  Hay una forma de convivencia -humana, básica, política, social y por supuesto religiosa- en la que cada uno de nuestros ciudadanos debe contar con lo necesario para un desarrollo personal, familiar y comunitario. Que pueda, y podamos, vivir en armonía con gente que no piensa lo mismo, pero que va en la misma dirección.

-¿Qué mensaje brindaría a la población en estas Pascuas que se aproximan, teniendo en cuenta el contexto?

-Lo religioso es lo que puede poner un manto de unidad. Vamos a pedir con todas nuestras fuerzas en primer lugar, que el Señor en su infinita Providencia nos dé, en estos días -más penitenciales y de recogimiento-, la gracia de reconocer aquello que hacemos a veces por negligencia o descuido y que daña a la comunidad. 

Lo segundo que pedimos es que la gente que menos recursos tiene, o que no está bien, pueda pasar esta Semana Santa, -misterio central de nuestra fe católica y apostólica- lo mejor posible.

Y que, como país, nos animemos a caminar unidos y también a ayudar a muchas otras familias y a otros países, porque podemos y estamos dispuestos a hacerlo. Todo eso, pedido pía y humildemente al Señor muerto y resucitado en estas fiestas pascuales.


PEDRO FOURNAU - OBISPO AUXILIAR DE BAHÍA BLANCA
"En estos tiempos se percibe una mayor necesidad de fortalecer ese alimento espiritual"

Semana Santa en clave política

-¿Cómo calificaría la situación social y económica que atraviesa la provincia y el país?
-Una cuestión fuerte es la gran preocupación por el trabajo: por conservar el propio trabajo y por ver que la situación de muchos trabajadores es la de tener que trabajar más, incluso en empleos informales o no registrados, para tratar de llegar a fin de mes. Es decir, aparece esta necesidad de complementar el trabajo habitual con otros “rebusques”.

Se vio mucha preocupación por el tema del trabajo en un contexto en el que comenzaron a darse distintas iniciativas, como la ley de reforma laboral —que ni siquiera puede analizarse de manera aislada, porque se dio de forma simultánea con otros debates—, los proyectos de baja de la edad de imputabilidad o incluso la ley de glaciares.

Otra situación que se viene dando y que contemplamos mucho en nuestras Cáritas es la dificultad para la financiación de programas de integración sociocomunitaria. Esta fue, entonces, una gran preocupación: el trabajo y, al mismo tiempo, la dificultad para sostener iniciativas comunitarias.

A la par, algo positivo que se observa es una gran valoración de lo comunitario. Se sigue percibiendo que las soluciones, si queremos que sean integrales, tienen que ser comunitarias, tienen que ser conjuntas. Esto que Francisco nos decía en plena pandemia: que nadie se salva solo, que nos ayudamos entre todos.

Después, aparece un gran dolor, cada vez más manifiesto: la realidad de muchos jóvenes y adolescentes -incluso a edades cada vez más tempranas- que están atravesando problemas de consumo de adicciones. A esto se suma la ludopatía como un nuevo modo de adicción, con el agravante de que, en cierta medida, esta problemática se ve favorecida por una aceptación social. Es decir, se instala como algo naturalizado cuando, en realidad, conduce a la destrucción de familias y a situaciones muy complejas para nuestros jóvenes.

Esto, muchas veces, está vinculado a figuras públicas -del ámbito artístico o deportivo- que funcionan como referentes positivos, pero que se prestan para la promoción y la comercialización de estas prácticas.

El tema de las adicciones no está separado de otras realidades: cuando no hay oportunidades laborales, cuando la comunidad no brinda seguridad ni contención, cuando no genera oportunidades de protección y sustento, aparecen estas otras alternativas.

Cuando se corre el Estado y se debilita la comunidad, aparece el narcotráfico dando sus propias respuestas.

Creo que, en buena medida, por ahí pasan las preocupaciones: el trabajo, la valoración positiva de lo comunitario, el avance de las adicciones y la ludopatía, y la certeza de que muchas respuestas solo pueden darse de manera comunitaria.

Por eso, también aparece la preocupación cuando se dejan de financiar programas o iniciativas sociocomunitarias y sociohabitacionales -ya sean preventivas, educativas o sanitarias-, que creemos que pueden ser las únicas alternativas frente a flagelos como la droga.

Y termino con una palabra que aparece bastante en lo personal: la perplejidad. Frente a algunas situaciones de la realidad, uno se queda perplejo. Estar perplejo no significa no hacer nada, ni que no pase nada. Es, más bien, un cierto desconcierto, una dificultad para comprender lo que está pasando y una incertidumbre respecto de los caminos que debemos tomar para responder de manera adecuada a las demandas.

-¿Hay una búsqueda, por parte de las personas, de un alimento espiritual, de la palabra?

-Sí, claramente. Creo que hay una búsqueda y un deseo de cuidar la interioridad, de encontrar un alimento más espiritual, que nunca está del todo separado de la realidad concreta. A veces separamos demasiado lo material de lo espiritual, pero la vida de la persona es una sola. Por ejemplo, traduciéndolo en términos cristianos: alguien que tiene una gran espiritualidad cristiana probablemente tenga también una gran capacidad de compasión hacia el enfermo, el pobre y el que sufre.

En la espiritualidad cristiana, lo que celebramos en la Pascua es la acción de un Dios que se encarna y transforma la realidad personal y la historia.

Pero, claramente, en estos tiempos se percibe una mayor necesidad de fortalecer ese alimento espiritual, es decir, de profundizar la comunión con Dios, fortalecer la esperanza, la paciencia y la perseverancia, poniendo la confianza en algo que es más grande que las propias fuerzas.

Los tiempos difíciles siempre son tiempos en los que estamos más invitados a volver nuestra confianza en Dios.

Dios está presente en toda la historia. Y, aun así, los tiempos difíciles —desde la mirada cristiana— pueden ser tiempos de salvación.

Eso es lo que nos enseña la cruz de Jesús: que los momentos más dramáticos pueden transformarse en vida nueva.

Es como les pasó a los apóstoles en el mar de Galilea: en medio de la tormenta, con la barca sacudida, ven a Jesús dormido y lo despiertan con un grito que nace del corazón: “¿No te importa que nos ahoguemos?”.

Muchas veces nuestra súplica es así, un pedido fuerte a Dios para que nos sostenga, nos rescate y nos levante en los momentos difíciles.

Y también aprendemos algo que no siempre nos resulta fácil: que es de bien nacido ser agradecido. Nos cuesta ser agradecidos porque hemos perdido la conciencia de lo gratuito: desde el hecho de estar vivos hasta el simple hecho de habernos despertado esta mañana.

-¿Qué mensaje brindaría a la población en estas Pascuas que se aproximan, teniendo en cuenta el contexto?

-Cuando se acerca la Semana Santa, estamos invitados a participar -es decir, a tomar parte- de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, no como meros espectadores, sino apropiándonos de ese misterio en nuestra propia vida, en nuestra existencia.

La cruz, que fue signo de muerte, es ahora signo de resurrección.

Para nosotros, acercarnos a la celebración de la Pascua es una forma de participar, de llevar nuestra propia vida a ese misterio. Celebramos la Última Cena, donde Jesús nos deja el legado de lavarnos los pies unos a otros, de ser servidores, y nos enseña que la verdadera autoridad está en el servicio y que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos.

Ese gesto del pan que se parte para dar vida se hace concreto en su propia entrega, que contemplamos especialmente en el Viernes Santo, en el camino de la cruz.

No se trata de una mirada pasiva sobre el sufrimiento, como si fuera solo para despertar en nosotros piedad o lástima, sino de poder leer, a la luz de la cruz de Jesús, nuestras propias cruces: los dolores, las angustias, las injusticias de este tiempo.

También se trata de ponerle nombre a los crucificados de hoy.

De este modo, cuando celebramos la resurrección de Cristo —la vida que es más fuerte que la muerte—, también nosotros podemos transformar en esperanza tantos signos de muerte presentes en la realidad.

El deseo es que se renueven en cada uno de nosotros la fe y la esperanza, y que, desde ahí, podamos construir el Reino, la fraternidad universal que Jesús vino a anunciar y en la que tanto insistía el papa Francisco.


 

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