El deseo de dormir en un museo o acuario ya no es fantasía: es una experiencia por viajeros que quieren algo distinto. De esta manera, los espacios culturales y acuarios alrededor del mundo abren sus puertas para ofrecer pernoctes que mezclan ocio, estímulo educativo y aventura.
El National Aquarium de Baltimore (Estados Unidos) organiza eventos donde los participantes llevan bolsas de dormir y pasan la noche junto a los tanques iluminados, escuchando el lento vaivén de los peces y tiburones a su alrededor. También en Atlanta, el Georgia Aquarium propone la experiencia donde los visitantes descansan frente a la galería de tiburones e imponentes ventanales marinos.
El Palma Aquarium de Mallorca (Europa) ofrece actividades nocturnas en su Gran Azul, un acuario de especies exóticas donde las personas pueden descansar.
En España, otras iniciativas como el de San Sebastián permiten pernoctes bajo túneles acristalados rodeados de rayas y grandes peces. Y en Asia, el National Museum of Marine Biology & Aquarium en Kenting (Taiwán) brinda la posibilidad de descansar entre exhibiciones marinas, fomentando el aprendizaje ecológico.
Pero no solo éstos participan de esta tendencia sino también como el American Museum of Natural History de Nueva York, los visitantes descansan rodeados de piezas especiales.
Estas experiencias responden al auge del turismo sensorial y emocional, donde el objetivo es vivir el lugar y conectar con su historia, su ciencia o sus criaturas en un contexto inusual. Para las instituciones culturales, además, se trata de diversificar la oferta y abrir nuevas formas de relacionarse con el público.
Aunque organizar estos alojamientos plantea desafíos de logística y preservación, la demanda y creatividad de las propuestas confirman que el turismo nocturno cultural llegó para quedarse.