Tensión en el “Modelo Mar del Plata”: internas y una versión que vuelve a poner a Montenegro en escena
El interinato de Agustín Neme podría atravesar su momento más complejo desde diciembre. Los reproches entre las distintas tribus del oficialismo y el escenario de inseguridad alimentarían las versiones sobre un eventual regreso del senador al Ejecutivo municipal.
El denominado “Modelo Mar del Plata”, construido desde 2019 sobre la convivencia de distintos espacios políticos, podría estar atravesando una instancia de mayor tensión. A más de siete meses del inicio del interinato de Agustín Neme, las diferencias dentro del oficialismo comenzarían a hacerse más evidentes y, sobre ese escenario, la posibilidad de un eventual regreso de Guillermo Montenegro al Municipio empezaría a cobrar cada vez más fuerza en las conversaciones políticas.
El equilibrio interno se estructuraría alrededor de cuatro patas. Por un lado, el montenegrismo, que conservaría peso propio dentro del esquema. Por otro, el sector que responde a Neme y al presidente del PRO local, Emiliano Giri. A ellos se sumarían la UCR referenciada en el senador nacional Maximiliano Abad y La Libertad Avanza, con el diputado nacional Alejandro Carrancio como una de sus principales figuras.
La convivencia entre esos espacios habría permitido hasta ahora sostener la arquitectura política del oficialismo, pero el escenario comenzaría a cambiar. Los reproches cruzados por la marcha de la gestión ganarían espacio y, puertas adentro, crecería la discusión sobre quién conduce, quién decide y, sobre todo, quién termina pagando el costo político de los problemas que enfrenta el Municipio.
En ese marco, la eventual vuelta de Montenegro dejaría de ser apenas una versión de pasillo para convertirse en una hipótesis que distintos sectores comenzarían a mirar con mayor atención. No habría una decisión tomada ni un regreso anunciado, pero la posibilidad empezaría a pesar cada vez más sobre el tablero interno y a tensar el vínculo entre quienes hoy comparten el oficialismo.
Inseguridad, recursos y desgaste
El escenario se complicaría además por dos cuestiones que aparecen cada vez con mayor fuerza en la agenda local: la inseguridad y las restricciones presupuestarias.
Aunque la responsabilidad de la seguridad corresponde fundamentalmente a la Justicia, a la Provincia y a la Policía Bonaerense, y en última instancia al Municipio, pero el deterioro de la percepción ciudadana comenzaría a generar presión sobre el Ejecutivo local. A eso se sumarían reclamos vinculados con el estado de las calles, servicios y otras demandas cotidianas para las que la gestión contaría con recursos limitados.
En ese contexto, dentro del oficialismo comenzaría a crecer una preocupación: que el desgaste de la administración interina termine impactando sobre todo el espacio de cara a 2027.
De allí surgiría una advertencia que empieza a circular en la rosca política marplatense: “Gobierne quién gobierne, si sigue la interna pierden en el Municipio en el 2027”.
La frase sintetizaría uno de los principales temores del oficialismo. La eventual fragmentación del espacio podría dejar terreno fértil para que sectores opositores hoy dispersos encuentren puntos de encuentro y lleguen con mayores posibilidades al próximo turno electoral.
Montenegro, otra vez en las conversaciones
En paralelo, volvería a tomar fuerza una versión que hasta hace algunos meses parecía de difícil concreción: un eventual regreso de Montenegro al Palacio Municipal.
No existe, por ahora, una decisión confirmada ni una fecha para que eso ocurra. Pero la posibilidad comenzaría a circular con mayor intensidad entre dirigentes del oficialismo, en un contexto en el que la gestión de Neme enfrenta mayores niveles de presión.
La hipótesis tendría además un componente nacional. Según esa versión, un eventual retorno de Montenegro podría darse acompañado por cambios en el gabinete, respaldo político desde Nación y herramientas financieras destinadas a aliviar las cuentas municipales. Incluso se especularía con una mayor presencia de fuerzas federales para reforzar el combate contra el delito.
Todo permanece, por ahora, en el terreno de las versiones. Pero el hecho de que el escenario haya comenzado a discutirse revela que la continuidad del esquema actual ya no sería observada con la misma tranquilidad que algunos meses atrás.
Hay, además, una cuestión institucional que podría resultar determinante. Montenegro ocupa actualmente una banca en el Senado bonaerense, y para regresar al Ejecutivo debería resolver previamente esa situación. La eventual licencia de su banca tendría que ser tratada por la Legislatura provincial.
En principio, podría haber una sesión durante septiembre, aunque su realización dependería del avance parlamentario: deberían existir despachos de comisión y el tratamiento de los expedientes correspondientes en la Cámara de Diputados antes de que el tema pueda llegar al Senado. Es decir, tampoco allí habría todavía un camino despejado.
Mientras tanto, las diferencias dentro del propio PRO agregarían una capa adicional de complejidad. El oficialismo no tendría hoy una conducción monolítica. El espacio que responde a Montenegro convive con el sector de Neme y Giri, mientras que radicales y libertarios tienen intereses propios y peso territorial dentro de la alianza que sostiene al gobierno.
Esa convivencia, que fue una de las claves para construir el “Modelo Mar del Plata”, podría convertirse ahora en una de sus principales debilidades. Una definición que circula puertas adentro resume esa preocupación: “Un gobierno loteado corre riesgo de quebrarse”.
La expresión apunta a una tensión que excedería las diferencias personales. El problema sería político: si cada componente del Ejecutivo comienza a atribuirle al otro los costos de la gestión, el oficialismo podría terminar enfrentando hacia afuera una crisis que comenzó puertas adentro.
En ese sentido, algunos dirigentes observarían una situación llamativa: mientras los audios y mensajes internos se multiplicarían con reproches cruzados, la discusión por un eventual regreso de Montenegro comenzaría a ganar espacio en paralelo. La rosca, por ahora, parecería estar un paso por delante de las decisiones concretas.
La licencia que podría cambiar el tablero
Si finalmente Montenegro optara por abandonar su banca para retomar el Ejecutivo, también habría que definir quién ocuparía su lugar en la Cámara alta provincial. De acuerdo con el esquema electoral, asumiría María Luján Fiego, concejal tandilense de La Libertad Avanza, que había ocupado el cuarto lugar de aquella lista. Ese eventual movimiento agregaría otra pieza al complejo tablero político provincial y podría tener derivaciones dentro de la propia alianza oficialista.
Por ahora, no hay regreso anunciado, modificaciones de gabinete confirmadas ni una fecha definida. Pero sí existiría un dato político que empieza a ganar peso: la posibilidad de que el interinato deje de ser leído como una solución de transición y comience a ser evaluado en función de su costo electoral.
El “Modelo Mar del Plata” nació justamente de la capacidad de convivir entre sectores diferentes. El desafío, ahora, sería demostrar que esa convivencia puede sostenerse cuando llegan los problemas.
Porque si la discusión interna sigue creciendo mientras la gestión pierde margen de maniobra, la pregunta ya no sería solamente quién conduce el Municipio. Sería si el modelo que permitió construir una mayoría política puede sobrevivir a sus propias internas.