La Tecla
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Cada tanto circulan compilados que agrupan a figuras de Hollywood bajo una misma etiqueta: “los más racistas”. Mel Gibson es el caso con más material público. En 2006, durante un arresto por conducir ebrio en Malibú, el informe policial le atribuyó la frase de que “los judíos son responsables de todas las guerras del mundo” y la pregunta “¿sos judío?”. En 2010 se filtraron audios de una pelea con su entonces pareja, Oksana Grigorieva, en los que usa un insulto racial contra personas negras y un discurso misógino.
El actor Charles Chaplin en 1940 estrenó El gran dictador, sátira contra Hitler en la que interpreta a un barbero judío. Los nazis lo atacaron como “pseudojudío”. Chaplin se negó a desmentir rumores sobre un origen judío porque, decía, eso alimentaba el antisemitismo. Fue hostigado por el FBI por su política, no por discursos racistas propios.
Paris Hilton usa una letra que parodia con insultos racistas y antisemitas, dijo que no soportaba a los hombres negros. En sus memorias de 2023 dijo estar “mortificada” y atribuyó parte de ese lenguaje a un filtro dañado y a un trastorno de estrés postraumático tras internaciones juveniles.
La conclusión útil no es un ranking moral. Es otra: Hollywood dejó rastros distintos. Unos, palabras dichas en primera persona. Otros, películas de estudio que normalizaron jerarquías raciales.