El sábado por la tarde, en una vieja casona del barrio porteño de San Telmo, Lali Espósito y Pedro Rosemblat se casaron en una ceremonia íntima y de marcado hermetismo.
La propuesta estética giró en torno a un verano italiano. Al día siguiente, la pareja compartió las primeras imágenes y los looks se convirtieron en uno de los temas más comentados en redes.
Rosemblat optó por un conjunto de colores claros: un traje cruzado beige con solapas en pico y botones metálicos dorados en doble fila, camisa blanca sin corbata (con los primeros botones desabrochados), pantalón recto del mismo tono y zapatos de cuero marrón oscuro. Completó el look con un pequeño prendedor con forma de rosa en tono bronce en la solapa izquierda, que hizo juego con el accesorio elegido por la cantante. Todo fue realizado por Matías Carbone, de la marca Carbone.
Días después, el conductor dedicó un texto extenso y nostálgico al diseñador. Relató que el vínculo se remonta a su adolescencia: “Yo era oficialmente joven, apenas había terminado el colegio y trabajaba en un local de ropa cuyo diseñador era un pibe que tenía 23 años, mucho talento y una onda imposible de imitar. Se llamaba Mati”. Con el tiempo, los caminos se separaron: él se dedicó a los medios y Carbone abrió su propia marca.
La proximidad de la boda los volvió a reunir. “Cuando supe que el casamiento era inminente y que tenía que verme impecable entré en pánico porque de los 365 días que tiene el año, hay 350 en los que uso remera negra manga corta. Dudé, sufrí, temí”, confesó. Hasta que una sugerencia lo orientó: “llamalo a Mati, andá a Carbone”.Más allá del color o la tela, Rosemblat valoró especialmente el trato. “Me hizo sentir como si yo fuera un piloto de fórmula uno, un modelo de alta costura, el goleador del Calcio. Disfruté, reí, bailé y cada vez que me cruzaba un espejo pensaba ‘fa hermano, mirá lo que es esto. No es un traje, es un Carbone’”, escribió.
En una segunda historia cerró con humor: “Las medias me las compró mi mamá”.
El relato, cargado de recuerdos y de su estilo descontracturado, convirtió al traje en mucho más que una prenda de ceremonia: en un reencuentro personal y en una elección que lo hizo sentirse a la altura del momento.
