2 de abril de 2026
2 DE ABRIL
Entre Ushuaia y la Rosada: Kicillof expuso su armado y Milei impone el mensaje nacional
El viaje de Axel Kicillof a Río Gallegos y Ushuaia combina agenda institucional y construcción política. Mientras Milei centraliza el mensaje oficial por Malvinas, el gobernador bonaerense exhibe volumen propio junto a mandatarios críticos, en clave de armado nacional rumbo a 2027.

La vigilia por un nuevo aniversario de la Guerra de Malvinas volvió a convertirse en escenario de disputa política. Mientras el presidente Javier Milei optó por una transmisión oficial obligatoria desde el Estado nacional, Axel Kicillof eligió el territorio austral para mostrarse rodeado de gobernadores peronistas y reforzar su proyección federal.
El desembarco del mandatario bonaerense en Río Gallegos y su paso por Ushuaia no fue sólo un gesto de compromiso con la causa Malvinas. También funcionó como una señal política: Kicillof busca diferenciarse del centralismo libertario y posicionarse como un articulador de un peronismo con anclaje territorial.
En ese esquema, las fotos con Gustavo Melella y Ricardo Quintela no son casuales. Ambos mandatarios provinciales encarnan una oposición frontal al gobierno de Milei, un perfil que Kicillof empieza a asumir con mayor nitidez en medio de la reconfiguración del mapa opositor.
Durante una corta entrevista televisiva, el gobernador expresó: "Tenemos un pueblo que no admira a Margaret Thatcher. Nuestra bandera es la celeste y blanca. No tiene estrellas y no tiene barras. La Patria, la memoria y el territorio nacional no se venden”.
El contraste con la Casa Rosada es evidente. Mientras el Ejecutivo nacional ordenó una transmisión obligatoria en todos los medios audiovisuales —con lógica de verticalidad institucional—, el gobernador bonaerense apuesta a la construcción horizontal, sumando dirigentes, intendentes y referentes sindicales a una escena política compartida.
Villarruel participará en algún acto conmemorativo del 2 de abril. En principio se había confirmado su presencia en Tierra del Fuego para formar parte de la ceremonia central en Ushuaia, luego de la invitación del gobernador Gustavo Melella, uno de los principales mandatarios enemistados con la Casa Rosada.
La presencia de figuras como Cecilia Moreau, Sabrina Selva, Mayra Mendoza, Lucía Cámpora y Victoria Tolosa Paz refuerza esa lógica de armado amplio. Incluso con la ausencia de Sergio Massa, el esquema muestra intentos de síntesis entre distintos sectores del peronismo.
A su vez, la participación de dirigentes sindicales como Hugo Yasky y Hugo Moyano (h), junto a referentes sociales como Natalia Zaracho, evidencia la intención de Kicillof de reconstruir una coalición con base multisectorial, algo que contrasta con el modelo más individualista que propone Milei.
En este paralelismo, ambos liderazgos buscan construir poder, pero desde matrices opuestas. Milei consolida su figura desde la centralidad del Ejecutivo y el control del mensaje, mientras Kicillof ensaya una acumulación desde los territorios, apelando a la liturgia política del peronismo.
El trasfondo es claro: la disputa ya no es sólo de gestión, sino de proyección. En un contexto de crisis económica y reordenamiento político, Kicillof empieza a dar señales de que su horizonte excede la provincia de Buenos Aires y apunta a una candidatura nacional en 2027.
Así, Malvinas se convierte, una vez más, en un escenario donde se cruzan memoria, identidad y poder. Pero también en una vidriera donde dos modelos de liderazgo —uno centralizado y otro territorial— empiezan a delinear el próximo capítulo de la política argentina.