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Mar del Plata inicia un nuevo fin de semana largo con un clima que combina la prudencia del sector productivo y la expectativa de un repunte de último momento. El receso extendido por la conmemoración del paso a la inmortalidad del general José de San Martín, el octavo en lo que va del año, encuentra a la principal ciudad turística bonaerense ante el desafío de reanimar una economía local golpeada por la caída sistemática del consumo y por balances invernales que no alcanzaron a colmar las aspiraciones de los operadores.
Los relevamientos preliminares de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica (AEHG) marcan un nivel de reservas previas en torno al 45%. El número representa una mejora sustancial respecto del magro 25% registrado durante el feriado del 9 de julio, y se empareja con la recuperación experimentada en el tramo final de las recientes vacaciones de invierno. Sin embargo, la apuesta principal del empresariado vuelve a depender de los arribos espontáneos: visitantes de la región y del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) que deciden viajar a último minuto tras consultar el pronóstico meteorológico y constatar la disponibilidad de plazas.
El movimiento proyectado en la Terminal de Ómnibus, con una previsión media de 256 servicios diarios y escasa adición de coches refuerzo, da cuenta de una demanda de pasajes medida. A esto se suma el diagnóstico del sector inmobiliario, que describe un mercado de alquileres temporarios apagado. La cercanía temporal con el receso escolar de julio y el retraimiento del turismo de escapadas cortas imponen un techo visible al entusiasmo del mercado.
El verdadero nudo del debate marplatense ya no radica únicamente en el caudal de personas que traspasan los accesos a la ciudad, sino en el impacto real que esos arribos generan en la economía interna. Los indicadores del Departamento de Estudios Sociales y Económicos de la UCIP reflejan una contracción sostenida en las ventas minoristas, que tras caídas consecutivas en el segundo trimestre registraron en julio un descenso interanual del 7%. Sectores emblemáticos como la gastronomía del puerto o la actividad de los casinos —cuya caja de empleados atraviesa pisos históricos— dan cuenta de un visitante que cuida el bolsillo, acorta la estadía y reduce los consumos recreativos.
La coincidencia de este feriado con la celebración del Día del Niño se presenta como una oportunidad coyuntural para el turismo familiar, pero también como un examen para la gestión local, llamada a demostrar capacidad de tracción más allá de la mera inercia del calendario nacional.