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Viernes, 4 septiembre 2026
Argentina
DESCONFIADOS

Cinco señales de que La Plata se mueve… aunque no siempre hacia donde conviene

Esta semana el radar desconfiado volvió a barrer la ciudad y encontró lo de siempre: ideas que suenan a marketing político, obras que reaparecen como si las clausuras fueran un trámite, campañas que le pasan la factura al vecino y un Municipio que se pone nervioso recién cuando el cielo amenaza con repetir la historia.

Cinco señales de que La Plata se mueve… aunque no siempre hacia donde conviene
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LAS 5 DEL RADAR DESCONFIADO


1. Quieren protagonismo: fue noticia una iniciativa de mudar la capital a Junín 

Un exdiputado y un escritor sacaron a pasear una idea que en cualquier otra ciudad provocaría carcajadas y acá, apenas, un silencio incómodo: trasladar la capital bonaerense a Junín. La Plata, según el libreto, ya no sería el centro del poder sino “eje cultural”. Pasando el limpio, pretenden que La Plata se quede con las plazas, los techos de pizarra y la foto institucional, mientras el escritorio se va para el interior productivo.

La propuesta de Miguel Saredi y Luis Gotte se disfraza de descentralización, de “ciudades intermedias” y de triángulo con Tandil y Bahía Blanca. En La Plata la reacción fue la previsible, sorpresa, rechazo y un recordatorio de que esta ciudad no nació por casualidad. El senador Marcelo Leguizamón lo dijo sin protocolo: La Plata fue pensada para ser capital, y el problema no es el mapa sino quién gobierna la Provincia. Hasta desde Junín, el senador Pablo Petrecca celebró el guiño a su ciudad… y después aclaró que el debate de fondo no es mover el sello, sino cómo se administra esta provincia tan grande.

El debate recién empieza. Y ya se entiende por qué: es más fácil imaginar una capital nueva que resolver la que ya tenemos.

2. Yacoub tiene la impunidad del poder: clausuran, reabren, clausuran. El Municipio corre detrás

En avenida 44, entre 8 y 9, una obra vinculada a Yacoub volvió a encender a vecinos y comerciantes. La denuncia es simple y ya tiene olor a repetición: el inmueble había sido clausurado (más de una vez), los trabajos se retomaron igual y el Municipio tuvo que volver a intervenir.

Los frentistas dicen que, después de las selladuras, los responsables reingresaron y siguieron como si el acta municipal fuera un cartel de “gracias por su visita”. La Comuna confirma el relato de fondo: hubo denuncia, hubo clausura, volvieron a abrir y hubo otra clausura. Lo que no explica es por qué, en La Plata, ciertas obras parecen tener más vida que el control.
La pregunta que queda dando vueltas por la cuadra no es técnica. Es política: ¿cuántas veces hay que clausurar para que una clausura sea clausura? Porque si el sello municipal se levanta con la misma facilidad con la que se pone, el dueño de la ciudad no es el que firma el acta.

3. Con una ordenanza de otro siglo se activa el plan “veredas sanas” y la factura, para el frentista

La Municipalidad lanzó el plan “Veredas sanas”. Suena a campaña de cuidado urbano, a identidad platense, a casco fundacional. El detalle fino viene después: según la Ordenanza N° 3001 de 1963, el mantenimiento de la vereda es responsabilidad del vecino. O sea: el Municipio recuerda la normativa, difunde el catálogo de baldosas (nueve panes, bastón y vainilla, ocre con guarda roja, gris con guarda negra, 40 por 40 fuera del casco) y le pide al frentista que ponga la ciudad en orden.

Hay relevamiento con la UNLP, unidad ejecutora, plazos de 30 a 180 días y hasta una cooperativa adjudicada, Pisolarium, para fabricar el material. Todo muy prolijo. El eslogan, todavía más: “La vereda es del vecino”.

Nadie discute que una ciudad se ve y se camina por sus veredas. Lo que genera sospecha es el timing: cuando hay que pintar el relato de “compromiso ciudadano”, aparece una norma de otro siglo. Cuando hay que fiscalizar a los que construyen como si las clausuras no existieran, el mismo Estado parece más lento. Cuidar La Plata está bien. Que el costo recaiga siempre del mismo lado, también es una política.

4. Alerta por el “Súper Niño”: los inundados no quieren otro capítulo de la misma serie

Con el fenómeno climático en el horizonte (lluvias más intensas, suelos saturados, primavera y verano bajo amenaza) los vecinos que ya conocen el agua de cerca volvieron a pedir lo básico: un plan de emergencia en serio y respuestas del Municipio, no un comunicado cuando el arroyo ya esté en la vereda.

La Plata no necesita que le expliquen qué es una inundación. Lo tiene en la memoria colectiva, en los sótanos, en los barrios que cada tanto vuelven a aparecer en las fotos. Por eso el reclamo no es meteorológico: es de gestión. Quieren saber qué se limpia, qué se dragó, qué protocolos hay, quién decide la evacuación y, sobre todo, por qué cada alerta climática parece encontrar a la ciudad improvisando el mismo libreto.

La Provincia arma mesas, anuncia obras y habla de “anticipar la crecida”. En el distrito, los que ya se mojaron piden menos slogan y más mapa. Porque el “Súper Niño” puede ser un fenómeno global. El desastre, si llega, va a ser local.

5. Somos mucho más que dos: el posteo más humano de la semana

En medio de capitales itinerantes, clausuras reincidentes y veredas con fecha de vencimiento, la diputada provincial platense Lucía Iañez (referente local de Fuerza Patria en el recinto bonaerense) subió a Instagram un carrusel de tres fotos con su compañero de vida. Se la ve junto a él, mostrando el crecimiento de la panza. Un anuncio de embarazo, sin truco ni expediente.

Hay semanas en las que la política local parece hecha solo de poder, de obras y de discusiones que no terminan nunca. Y de golpe aparece una imagen doméstica, simple, que no pide voto ni descargo. Solo anticipa que viene alguien más.

Que viva el amor, che. Aunque sea una vez por radar.
 

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