POLITICOS EN PIJAMA
13/06
Ariel Sujarchuk: “En mi casa nunca sobró nada, éramos una familia de clase media trabajadora”
Alegre y energético, así se muestra el intendente de Escobar. Con sus hijos no escatima en tiempo de calidad: desde juegos de mesa tradicionales hasta concursos de alfajores con reglas incluidas, el jefe comunal nacido en Flores habló también de su recorrido en la política, su pasión por la gastronomía de los lugares y el vínculo con los vecinos de la localidad.
Ariel Sujarchuk está en sus últimos “cuarenti” pero aún conserva una energía envidiable. El intendente de Escobar describe a cada uno de sus hijos con detalle, y enseña cómo los juegos tradicionales y no tan tradicionales son usuales en su hogar. Entre sus experiencias, el valor del tiempo para cada cosa como lo más importante ¿Qué más contó el intendente nacido en Flores?


- Sos muy fanático de River Plate ¿Cómo te preparás para los partidos? ¿Sos cabulero?

No soy muy cabulero, pero en general veo los partidos con mi hijo mayor, que es más fanático que yo todavía y sabe mucho de fútbol. Generalmente se prende mi hija más chiquita y tenemos nuestros lugares en el sillón. Mateo (hijo) siempre me critica por algo que siempre hago, que es cantar el gol antes, me critica cuando hago eso y no es gol, me como un buen insulto de mis hijos (risas).



Nosotros éramos de ir bastante a la cancha, era un momento de plan familiar: comer antes en casa o en algún lugar, ponerlos la camiseta, jugar a la salida. Ahora que no se puede, si el partido es cerca de un horario de comida vemos si pedimos pizza o algo por el estilo. La gastronomía que acompaña al partido la tratamos de sostener.

- Contame cuántos hijos tenés, sus nombres y edades

Tengo tres hijos. Mateo es el mayor, tiene 19 años. El 8 de octubre, el mismo día que nació Perón, cumple 20 años. Es futuro piloto, está a días de recibirse de piloto privado y su sueño es ser piloto comercial. Es un chico muy inteligente, muy activo. Tuvo su participación en televisión, en teatro, tiene muchas inquietudes y mucha capacidad de liderazgo.

Mi segunda hija es Abigail, tiene 13 años recién cumplidos. Es un ser súper dulce, muy pero muy inteligente, todos siempre nos quedamos admirados y anonadados por su capacidad intelectual. Lee mucho, cuando hizo el ingreso al colegio pre universitario de la UBA que está en Escobar quedó entre las diez primeras. Es extremadamente familiera y cariñosa, muy cuidadosa de sus hermanos, de sus padres, es muy humana.

Olivia es la más chiquita, tiene 10 años y nació el 27 de octubre de 2010, el mismo día que falleció Néstor (Kirchner). Es un cascabel, siempre risueña, hiperactiva, muy carismática y también la más líder de los tres. Es una típica nena de esta generación, porque es muy independiente, muy moderna, feminista y ambientalista. 

Son tres chicos muy honestos, muy sensibles y con muchos valores. 

- ¿Alguno se ha mostrado interesado en la política?

No así. En casa se habla de política, Mateo sabe un montón, pero no tiene una intención de ser parte de una gestión, todavía es chico también. Son militantes temáticos, son todos adherentes al espacio político al que pertenezco pero también, siendo yo intendente, y previamente que fui Subsecretario de economía social y secretario de la UBA, y la mamá de las nenas que es diputada, tratamos de que fluya. Lo que queremos es que sean felices haciendo lo que les gusta.

Es muy común que separen cosas para donar: ropa, juguetes; que hagan acciones solidarias, que participen de cosas, y eso les sale muy naturalmente, creo que es parte de lo que maman en la casa.



- ¿Cómo surge tu acercamiento a la política? ¿Ves características de tus hijos que vos también tenías de chico?

No tengo un recorrido tradicional en la política. Elegí el periodismo porque siempre me gustó decir las cosas y hoy sigo siendo igual, no me gusta mucho callarme, pero también creo que en el cómo se dice, hay mucho. Entre continente y contenido, y la forma de decir las cosas, hay mucho en el mensaje. El mensaje no es sólo lo que uno dice, buena parte es el cómo lo dice.

Amé el periodismo y después me dediqué a la comunicación, y en un momento en el que tenía muchísima actividad profesional sentía que tener más clientes no me llenaba, sí en el bolsillo pero no en el alma, entonces me acerqué más a la actividad universitaria, así ingresé en la Facultad de Derecho de la UBA y de un cargo menor y unas horas de docente, terminé siendo Subsecretario de Comunicación de la UBA. Ahí dije "¡Epa!, llegué a lo máximo que un comunicador podría esperar, que es tener el cargo más alto de la universidad, una de las más prestigiosas de Latinoamérica y el mundo". En la segunda gestión, el gestor me propuso ser Secretario de Relaciones Institucionales de la UBA, es decir, manejar la relación de la universidad con el mundo institucional no académico.

Yo seguía con mi actividad profesional y la universitaria, y ahí me empecé a enamorar más de la gestión, de la idea de que ya no tenía tantas ganas de decir las cosas, sino más bien de hacerlas. A lo largo del tiempo construí una relación con Alicia Kirchner, que me invitó a ser parte de su gestión. Primero le dije que no, después pasó un tiempo y me lo volvió a ofrecer, y ahí me di cuenta que lo mejor de mí en la UBA lo había dado. 

Creo que cada uno tiene un tiempo en los cargos, que no es igual para cada uno. Yo ya sentía que había estado 8 años en el Rectorado y que lo mejor de mí ya lo había entregado. Asumí en el Ministerio de Desarrollo Social, primero ocupé una Subsecretaría, después otra que me gustó mucho más y ahí Alicia (Kirchner) me dio la oportunidad de empezar a construir políticamente en Escobar. La verdad es que no me conocía mucha gente, yo lo hacía por el placer de hacer cosas. Abrimos un centro cultural, el Macacha Güemes. Creo que la transformación es cultural, y a partir de ahí se dan transformaciones más profundas. De ese proceso de construcción, llegué al Municipio. 

Siempre hago una broma, pero es en serio: participé de 20 campañas electorales, 19 como asesor y una sola como candidato. Ahora tengo 21, 2 como candidato. En la elección del 2015, fue la primera vez en mi vida que me presenté en una lista, antes no había sido candidato a nada, pero tampoco lo deseaba, ayudaba a que otros lo sean. 

- ¿Por qué le dijiste que no en primera instancia a Alicia Kirchner?

Porque el Rector (de la UBA) me había reelegido y me había ofrecido este cargo tan importante, que para mí era un montón. Dije "Ya está, con esto estoy". A veces hay un problema cuando alguien siempre está inconforme con lo que tiene. Uno tiene que disfrutar todo lo que tiene, y yo dije "Ya está". 

Le había dicho que sí al Rector y había empezado, entonces me pareció que no podía cambiar de un momento para el otro, y así se lo expresé a Alicia y le pareció muy bien. Construimos una relación mucho más profunda porque yo trabajaba con ella pero ad honorem, como militante y como interesado en que le vaya bien. En un momento en el que la gente se mata por esos lugares, yo estaba diciendo que no, pero sí quería trabajar igual, aunque no tuviera ni un cargo ni remuneración, eso fue consolidando la relación profesional, política y personal. Alicia es una gran persona, muy humana.

- ¿Seguís teniendo contacto con ella?

Sí, seguimos hablando.

- ¿Cómo convive la pata de la comunicación en tu gestión actual?

Yo amo la comunicación y el periodismo, más allá de que cambió mucho desde mi época, pero creo que comunicar es parte de la gestión. Cuando estaba en la consultoría, yo decía "El que hace y no dice, no hace". La gente no tiene por qué dar por hecho lo que uno hace. Parte de una gestión responsable es saber dar a conocer los actos de gobierno y hacerlo de manera eficiente.

- Tus redes están muy ordenadas ¿Alguien se encarga de eso? ¿Vos das tips?

Te agradezco por decir eso, soy bastante obse (risas). Estoy encima de los temas, pero por supuesto hay un equipo detrás. No soy el intendente con más seguidores, pero sí uno de los que tiene más interacciones. Eso tiene que ver con que nosotros le contestamos a todas las personas, excepto a los fake que no les damos bolilla, pero a los vecinos reales, sean cosas a favor o críticas, les contestamos a todos. Yo miro casi todo, a veces no puedo mirar todo, pero la mayoría sí. Apruebo todas las comunicaciones, porque no son de lata, es una comunicación real de una persona, entonces no es que alguien decide qué queda bien, sino que se transmite lo que fielmente sentimos.

- Hablemos sobre tu infancia, a qué escuela fuiste, tu familia

Soy hijo de un padre ferretero y mi mamá había trabajado en la Liga argentina contra la tuberculosis. Nací en el barrio de Flores, en un hogar trabajador. Nunca nos faltó nada y nunca nos sobró nada tampoco. Recién me fui de vacaciones a los 7, 8 años a Mar del Plata. Tengo dos hermanos que son mucho más grandes que yo: una hermana que me lleva 13 años y un hermano que me lleva 10 años y medio, yo vine un largo tiempo después.

Me crié en un hogar muy tradicional, con mucho afecto. Casi que tuve cuatro padres, porque mis hermanos que me llevan tanta diferencia me cuidaban, me llevaban a pasear. Tengo buenos recuerdos de mi infancia, jugaba en la plaza todo el tiempo, mi mamá me gritaba desde el balcón para que cruce. Un poco por eso también en un momento me quise venir a vivir a Escobar, porque añoraba poder estar al aire libre, jugar con amigos, algo que hoy en la Ciudad de Buenos Aires no lo ofrece. 

En mi casa nunca sobró nada, éramos una familia de clase media trabajadora, mi papá tenía un Renault 12, no estábamos mal pero sí muy justitos. Algo que aprendí es que, por ejemplo, siempre había dos alcancías, una era para un hogar de abuelos y otra para una organización ambiental. En términos de la educación, son de esas cosas en las que uno enseña mucho más por lo que hace que por lo que dice. No sé si alguna vez mis padres me dijeron "Tenés que ser solidario", pero ellos siempre lo fueron y es lo que siempre mamé en mi casa, que aunque no nos sobraba nada, siempre se podía ayudar.

Todavía tengo amigos del secundario, alguno que otro de primario, también de la facultad. No tengo tantas amistades, pero sí prolongadas en el tiempo.



- ¿Qué te dicen tus ex compañeros de la Facultad de Comunicación sobre tu recorrido?

Hay de todo. Somos una generación en la que todos crecimos mucho, estamos todos más grandes y todos fuimos creciendo, algunos hoy son directores o editores de medios, otros se cambiaron a otros rumbos, algunos están haciendo comunicación institucional. Algo que me gusta es que hay gente que uno no ve por mucho tiempo pero como uno no se portó mal con nadie (risas), guardan un grado de cariño con uno y es mutuo, entonces te reencontrás desde el afecto.

Los últimos cumpleaños no se pudieron festejar, pero a veces me junto. Ahora la administración de mi tiempo es un poco más complicada que antes, pero está bueno, me escriben por las redes sociales. Uno nunca tiene que perder la esencia de quien es, no de qué cargo ocupa.

Mi vida es como la de cualquier vecino que le va bien. Yo voy al super, a comer a los restaurantes de Escobar, hago una vida muy normal, muy común. A mí, a diferencia de otros casos, la política me humanizó, me sensibilizó. En mi etapa de joven profesional y exitoso quizá era más frío, más insensible, pero la gestión tanto universitaria como pública me fue humanizando, me fue haciendo una persona más sensible a las necesidades del otro, me dejaron de importar tanto las mías.

- ¿Cómo tomás la reacción de la gente cuando te reconoce?

Nunca tuve un problema. Al principio, los intendentes de antes eran más de estar más guardados y muy rodeados, pero yo voy solo, con mis hijos o a veces con algún colaborador, si estoy trabajando. De mi casa a la Municipalidad manejo yo, si salgo afuera voy con chofer pero sino no. Antes a la gente le causaba impresión verme en el supermercado, y ahora es lo más normal, algunos se me acercan, incluso cuando estoy comiendo te dicen "No es el momento para molestarlo pero necesito algo", entonces yo le digo "No hay ningún problema, dejame tu teléfono y te llamamos", y la gente se queda tranquila porque la llamo, no les pido el teléfono y quedan colgados.

No ven a alguien distinto. Yo no creo en la clase política. La clase política son los que creen que nacieron para gobernar y que otros nacimos para ser gobernados. Son esos apellidos que tienen que manejar la Argentina, la Ciudad, y eso pasó en muchos pueblos, que había cinco apellidos que decían qué tenían que ser. Somos todos iguales ante Dios y ante la ley y tenemos que tener las oportunidades y ganando con el esfuerzo individual y colectivo, los dos en simultáneo. Cuando sos dirigente, tenés que apelar siempre al costado más humano.

- ¿Qué te gusta hacer en tus tiempos libres? ¿Qué pasatiempos tenés?

Tengo varios pasatiempos. Ahora que estoy un poco más cansado porque el covid tiene mucha demanda, me relajo viendo algunas series en Netflix. Me gusta leer, me gustan mucho los juegos de mesa y en mi casa se juegan mucho, y somos bastante competitivos además (risas). Ahora por ejemplo estamos con el Tabú, antes era el Monopoly. Cada época tiene su hitazo de juegos. 

Según las edades de mis hijos, tienen diferentes juegos. A cada uno le juego, porque es una manera de relacionarnos, vincularnos, aprender, divertirnos. Me gusta mucho divertirme.

También me gusta mucho comer afuera. Ahora estamos más restringidos, pero también me gusta ser anfitrión, recibir gente en casa y hacer asados. Otra cosa que me gusta también es viajar, aunque ahora estamos limitados.

Otra de las cosas que hago es jugar al tenis, me gusta mucho. El cine me encanta, en el plan de salir, ir a comer algo.



Me gusta escuchar música y generar ambientes propicios para pasarla bien. A veces eso se da en un lugar específico, y a veces uno genera ese lugar. Hay una cosa entre entretenimiento, social y convivencia que está buena.

- ¿Qué no tiene que faltar para un buen momento?

Buena compañía. Comida, algo rico para tomar, y algún factor que te haga sentir cómodo.

- ¿Hay algún lugar en particular que hayas visitado y te haya obnubilado?

Me gustan mucho los lugares que combinan esparcimiento con historia, me atraen mucho. Lugares donde uno se puede relajar, conocer lugares, pero que también tienen ese componente. Europa lo ofrece bastante, pero la Argentina también tiene un montón de lugares para conocer. Me gusta el mar, me energiza aún más que la montaña y me desestresa muchísimo. A veces me doy una escapadita de uno o dos días a la costa, fuera de la pandemia por supuesto. Meter los pies en el agua aunque haga frío, tocar la arena. La naturaleza a mí me hace muy bien y cambiar un poquito el aire, el clima, me hace volver renovado.

Viajar por el mundo te abre mucho la cabeza. Tuve la suerte de viajar mucho como periodista, como funcionario y también a nivel familiar, en ese sentido soy un afortunado, pero siempre vuelvo con la misma sensación: que linda que es la Argentina.

- Y con tu familia también hacés concursos de alfajores ¿Cómo es eso? 

Es una idea muy buena. Todos somos muy lúdicos, es una dinámica muy familiar e incluso invitamos gente, fue en unas vacaciones en Cariló. El concurso empieza discutiendo las reglas, qué se va a premiar, categorías de alfajores, el sistema de votación, ir a los supermercados y buscar los alfajores más conocidos los tradicionales, la marca del lugar, e incluso el alfajor revelación. Realmente es muy divertido.



Abi, que es muy prolija, es la que recorta los papelitos de los envoltorios para poner al lado de los alfajores, porque una vez que los abrís son todos parecidos, entonces así se asignan los puntajes.

Una cosa que nos llamó la atención después de hacer el concurso fue que nos empezaron a escribir empresas de fábricas de alfajores para ofrecernos alfajores para el próximo concurso (risas) Fue muy gracioso muy divertido, y lo volvimos a hacer este año y estuvo tremendo.

Ahora vamos con otros concursos. En casa hay un Masterchef permanente de cocina, entonces se arman equipos (risas). La parte lúdica no sólo es en los juegos tradicionales, sino en cosas que han inventado. A mis hijos les encanta jugar a las escondidas.

- ¿Adentro de la casa?

¡Si! Mi hijo mayor es más alto que yo, mide 1,82. Lo tenés que ver hecho un bollito con casi 20 años escondiéndose de la hermana de 10 años que es una pulguita. La pasamos bien. También nos agarramos unas tremendas peleas, porque cuando se juega, se juega.

- ¿Y los momentos de almuerzos, cenas en familia? ¿Alguno tiene alguna maña? ¿Alguna comida que a uno le guste y a otro no?

Nos gusta comer asado, las pastas, el sushi. En general, mis hijos más que yo comen bastante sano. Si les ofrecés alfajor o fruta, eligen fruta. Yo "¡Alfajor alfajor!", al revés de lo que corresponde (risas). No sé porqué salieron tan sanos, ¡Por suerte! Son otra generación.

A Abi le gusta cocinar bastante, Mateo aprendió a hacer asados, Oli hace algunas preparaciones También nos gusta pedir comida; cuando viajamos nos gusta probar cosas que no conocemos, el turismo gastronómico nos hace muy bien, nos motiva (risas). A los chicos les encanta probar jugos raros, como los detox verdes que no sabés qué tienen adentro, les gusta experimentar desde los sabores. Tenemos gustos distintos, pero es común que si, por ejemplo, vamos a un restaurante, compartimos y cruzamos los platos para probar un poquito de todo.



- ¿Cómo te ves de acá a cinco años?

Más grande

- ¿Te pesan los años?

Este es mi último "cuarenti". Yo no me siento grande, tengo mucha energía, trabajo mucho, hago muchas cosas. Puedo trabajar todo el día, estar con los chicos, salir a cenar a la noche, acostarme tarde, la verdad me canso poco y no me gusta verme a mí mismo grande, pero me estoy poniendo grande.

Dentro de cinco años me veo haciendo cosas, porque soy muy inquieto. He tenido el gran privilegio de siempre elegir qué me gusta hacer, y también dejar que la vida me sorprenda un poco, porque sino es demasiado ordenado. En una época yo quería planificar todo, un poco me funcionaba hasta que de repente dejó de ser así, y un poco el covid enseña eso, así que creo que hay que dejar que las cosas fluyan un poco y conducirlas en un sentido positivo. Creo que me encuentra en la mejor etapa de mi vida, con ganas de disfrutar, con muchos sueños hechos realidad. Me imagino siempre acompañando a mis hijos en su crecimiento y yo haciendo cosas que me hagan bien, pero a mí lo que me hace bien en este momento son cosas que den valor agregado a la comunidad, aunque sean profesionales o empresarias, pero no tengo un interés de acumulación personal, sino de hacer cosas que me hagan sentir orgulloso. Si alguien me dice "Te propongo esta actividad por la que vas a ganar mucho dinero", pero a mí no me convoca, ya no me interesa.

- Estás en un momento en el que tenés que sentir lo que hacés

Me pasó siempre, pero hoy lo pongo sobre todo. Quiero sentirme orgulloso de lo que hago.