GUSTAVO MARANGONI
21/07
La Gobernación y el bastón de mariscal en la mochila
El nombre porteño llega a la provincia de Buenos Aires como un rumor, una suerte de mix entre intuición, data y sondeos informales que destaca los méritos y atributos de una biografía adecuada para competir por la Gobernación

*Por: Gustavo Marangoni (Director M&R Asociados)
 


El nombre porteño llega a la provincia de Buenos Aires como un rumor, una suerte de mix entre intuición, data y sondeos informales que destaca los méritos y atributos de una biografía adecuada para competir por la Gobernación.

Luego, la confirmación de la candidatura impulsada por el padrino o madrina de influencia definitiva inhibe dudas internas e instala en los hechos el trascendido. En el territorio, los dirigentes  se entusiasman con las primeras encuestas mientras buscan establecer contacto con quien encabezará la boleta. Y si no se puede, con alguna gente de la “mesa chica”.



Suele suceder que estos últimos son mayoritariamente porteños, así que  el interés por conocerse entre los nuevos socios es recíproco.



La autopista CABA - La Plata es fatigada en ambos sentidos. Durante la campaña, el vértigo es enemigo de las formalidades y los rigores metodológicos. Hay que caminar, sumar, contagiar expectativas, debatir y, a la vez, bosquejar ideas para la gestión y pensar en el futuro eventual gabinete. Luego de la consagración electoral, el futuro se hace presente y el presente asume el carácter de urgencia. Hay que calibrar “la herencia recibida” y seleccionar quiénes del grupo fundador ocuparán aquellos espacios de importancia estratégica: Jefatura de Gabinete, Economía, ARBA, Banco Provincia, Educación, Seguridad, Medios y Lotería. Puede haber algún olvido o excepción, pero el núcleo duro está por ahí; lo demás es fungible y compensatorio.



Precisamente en esa instancia se pasa de la luna de miel a la construcción de la cotidianidad de la pareja. Responsables de áreas que, aun acompañados técnica y políticamente por mujeres y hombres de vasta  trayectoria bonaerense, deben tomarse su tiempo para conocer una geografía enorme y un Estado de dimensiones acorde con ese territorio. Ya son casi dos décadas en las que este mecanismo se repite. Claro que el estilo personal y las circunstancias tienen su importancia. Axel Kicillof es el Gobernador que, a diferencia de los anteriores que llegaron por senderos idénticos, transita con más apoyo político y material. El respaldo de CFK es explícito y continuo.  Así que desde el liderazgo indiscutido del Frente de Todos hay certezas del compromiso de La Plata con el  proyecto.


Esa original situación se traduce en la constitución de un verdadero “pesoducto” de fondos que la Nación envía al primer Estado argentino (57% del total de los fondos discrecionales enviados a las provincias) que otorga un capital económico (y simbólico) que posiblemente aliente la conformación de un círculo de poder menos poroso al sabor local que el de algunas experiencias anteriores. Esta coyuntura, combinada con un Senado provincial controlado por la oposición, explica quizás el rol subalternizado de la Legislatura, más destacado o visible en otras circunstancias. Por su parte, los intendentes saben que precisan la mejor interlocución posible con los funcionarios.

Y no pueden esquivar el déjà vu (como en El día de la marmota, la ya clásica película de Bill Murray) de abundar en explicaciones y detalles no del todo conocidos o ponderados por los nuevos equipos neoprovinciales. Finalmente, la política siempre es local, y eso marca diferencias con los visitantes.  



De allí que importe, y mucho, la gestión de la cercanía que el Gobernador y sus colaboradores asuman en la relación con los protagonistas permanentes de la vida provincial.Hacer política supone muchas cosas. Entre ellas, administrar los tiempos; y particularmente, el tiempo para reunirse y escuchar. Con las limitaciones que imponen las restricciones sanitarias, la distancia social no debe ser percibida como una lejanía política.



Quizás un aparente sentido común desatienda estos menesteres argumentando que “le quitan tiempo a la gestión”. Pero se trata de una inversión y no de un gasto. Sin abusar de la reunionología resulta indispensable conocer y frecuentar lo que se quiere conducir.



Esas conversaciones generan confianza e información. Aun ante la lógica primacía que imponen las urgencias de la pandemia, llevándose la atención y los esfuerzos de buena parte del día, se requieren de algunas horas del final de la jornada para que las acciones implementadas en todas las áreas puedan rendir mejor sus frutos. Mucho más cuando llega el tiempo de poner a consideración de la ciudadanía la gestión. Son esas circunstancias en las que, como señalaba Perón en su Manual de Conducción Política, resulta vital lograr que todos los soldados sientan que llevan en su mochila el bastón de mariscal.