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Argentina
9 de julio de 2024
NOTA DE GRÁFICA

La vieja receta de las caras conocidas

En medio de internas, falta de emergentes y la búsqueda de un rumbo que le permita a la política volver a ser opción frente a Milei, ganan protagonismo dirigentes como Macri, Cristina y Massa, entre otros

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El gobierno de Javier Milei los une en el espanto, pero no los une en la acción, al menos por ahora. La política comienza a salir del estado de shock provocado por el triunfo del libertario, e inmersa en un temor transversal de que la inestabilidad emocional del Presidente pueda eventualmente adelantar tiempos (sería un problema para todos) busca el rumbo para el indulto social. La idea de “casta con privilegios”, inoculada por el líder libertario, permanece arraigada en una población que culpa al pasado reciente de las tragedias de hoy.

Desde ahí se explica, en gran parte, que el Jefe de Estado sostenga una imagen positiva alta pese al ajuste, la pérdida de empleo y los alarmantes indicadores sociales.

Se califica a Milei de antipolítica, y el encasillamiento le cae como anillo al dedo. El Presidente se para desde ese lugar frente a una sociedad dispuesta a enterrar un pretérito con demasiadas deudas respecto a las demandas de la población. Lo paradójico es que ese pasado se prepara para volver. O, mejor dicho, cree verse obligado a regresar ante el descalabro interno que sufren sus propias fuerzas políticas y el Estado que propone La Libertad Avanza.

Los líderes de partidos tradicionales que, se creía, estaban en el camino de salida vuelven a ganar protagonismo y hasta se los menciona como posibles candidatos en las legislativas del año que viene.

Recientes derrotados anidan la esperanza de un retorno triunfal. Otros, que desde hace años son protagonistas y lideran espacios más chicos, buscan reposicionarse y ser la génesis de un amplio espacio de centro capaz de subir algunos escalones en 2025 para dar el salto en 2027.

“No me extraña que, haciendo agua este proceso, empiecen a aparecer los dirigentes de fuste. Ganó la antipolítica y por ahí hay que ir a buscar a la política más tradicional, más vieja. Hay que exigirle a la política que dé la discusión que debe dar, porque la salida nunca es antipolítica que, como estamos viendo, no tiene gestión”, le dijo a La Tecla una experimentada dirigente cercana a Cristina Fernández. La expresidenta aparece cada vez más mencionada como la posible cabeza de la lista de diputados nacionales del kirchnerismo, a la vez que muchos la quieren ver sentada en la presidencia del PJ nacional.



Nunca se bajó del pedestal de lideresa pese a que invitó a otros a tomar el bastón de mariscal. Parece que no le gusta del todo que algunos, como Axel Kicillof, se lo hayan tomado en serio.

El juego del Gobernador y de quienes se apoyan en él para marcar diferencias con Máximo Kirchner, y por carácter transitivo con Cristina, desató una espiralada interna en Unión por la Patria (UP), que en el fondo no es más que la puja por la lapicera de cara al armado electoral de 2025. Muchos ven en la ex vicepresidenta la única capaz de reordenar todo el espacio, porque se sostiene por encima del resto. “Si ella va de candidata se termina toda la discusión, nadie se va a animar a enfrentarla en la Provincia, y si es la candidata la lapicera vuelve a ser suya”, aseguró un dirigente del Conurbano cercano a La Cámpora.

En el medio del proceso se abre la posibilidad de discutir la conducción del PJ bonaerense. Una puerta que Máximo abre con la intención de ser él quien la vuelva a atravesar como presidente por un nuevo período, ahora con más legitimidad y menos cuestionamientos, porque habrá abierto el proceso eleccionario. De todos modos, no faltan quienes pretenden enfrentarlo, como el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi. Como se ve, tampoco allí aparecen opciones de renovación con caras nuevas.

Ser pieza de unidad del espacio es también la aspiración de Sergio Massa, quien tensa y afloja la cuerda en su relación con Kicillof, y hace lo propio con Máximo. Dice no meterse en la interna encabezada por el Gobernador y el presidente del PJ bonaerense pero lo hace, a veces sutilmente, otras más brutal.



Necesita que ese escarceo se mantenga para ofrecerse como la vía de escape. Algo parecido a lo que ya hizo para quedarse con la candidatura presidencial. Massa siempre tensiona, además, con llevarse el Frente Renovador a otra parte, lo que significaría un problema extra para el peronismo K. Su permanencia en la escena política durante los próximos años está garantizada, por más que él quiera instalar lo contrario.

No pocos le facturan haber ido demasiado lejos en el sostenimiento, tanto político como económico, de Javier Milei, con la intención de que el libertario sirva a sus propios intereses restándole votos a Juntos por el Cambio. El experimento salió mal y el costo más caro lo pagó el propio Massa.

Amigos de muchos años de la política todavía se lo reprochan y, aunque varios quisieran tenerlo en el espacio de centro que comenzaron a conformar con base en el bloque de diputados nacionales de Hacemos Coalición Federal, saben que las maniobras del tigrense desencadenan en resultados concretos a último momento.

El panperonismo suelto, que dialoga desde los socialistas hasta con López Murphy, pasando por Stolbizer y Rodríguez Larreta, también tiene charlas con Mauricio Macri, quien ha recibido a exsocios con los cuales se había distanciado. Un caso es Emilio Monzó, pero no es el único. En el regreso a la titularidad del PRO nacional, el expresidente se muestra más abierto, pero le preocupa la interna desatada con Patricia Bullrich y a ello dedica gran parte del tiempo. La pelea con la ministra de Seguridad ha tenido ya importantes consecuencias internas, aunque el mayor problema que Macri y el PRO deben resolver es la relación con Javier Milei. No puede ni quiere, entregarle el partido, a la vez que una pelea frontal podría debilitar más a los amarillos.


La situación de Macri en la Capital no es la misma a la de Cristina Fernández en la Provincia, pese a que aparezcan como similares. El empresario podría verse obligado a participar en las elecciones de senadores nacionales de la Ciudad, ante la amenaza de que el PRO pierda en su territorio de origen donde domina desde hace casi dos décadas, y frente a la falta de un candidato seductor para el electorado porteño.

Cristina, pragmática cuando el kirchnerismo está fuera del poder, dijo que en la próxima etapa “con el peronismo solo no alcanza”, con la intención de convocar a un acuerdo de gobernabilidad. La nobleza del pedido choca con los antecedentes inmediatos. Cuando el kirchnerismo gobernó esquivó toda propuesta en ese sentido. También Macri ha abonado la idea de un pacto estilo La Moncloa, como lo viene proponiendo, sin éxito, Eduardo Duhalde desde hace varios lustros.

“De esto se sale con el mismo concepto que en el 2001. Hay que convocar otras fuerzas políticas, no para armar un frente electoral, sino para armar un programa, con cuatro o cinco temas: qué vamos a hacer con la deuda, con la política social, con la seguridad y con el trabajo.

Hay que sentarse y decir ‘estas son políticas inamovibles, gane quien gane’. No hay alternativa, porque tampoco nos va a alcanzar el peronismo para resolverlo” aseguró un legislador provincial cercano al kirchnerismo.

El interrogante es si quienes vuelven a tomar los controles estarán dispuestos a hacerlo. Si de una vez por todas archivarán sus egos y recelos. Parece difícil, aunque ahora las circunstancias reclaman otras recetas y la propia política se pregunta qué pasa si el experimento libertario sale mal y el sistema es convocado de nuevo a apagar el incendio. “La gente no va a decir ‘bueno, tómense un tiempo, piensen y después nos dicen qué hacemos’”.

“Nos va a reclamar soluciones para las cuales hay que estar muy preparados, y es ahí donde recobra fuerza la dirigencia política de oficio”, remarcó el mismo legislador.

Cristina Fernández: El retorno de la emperatriz que nunca se fue y suena para la boleta

“En el peronismo no hay otro candidato que nos garantice una buena performance electoral. Tal vez ella decide no ser candidata, pero a mí me encantaría que lo fuera, porque ya partimos de un 35% de votos en la Provincia”. Se lo dijo a La Tecla alguien que milita junto a Cristina Fernández desde el inicio del kirchnerismo y se sostiene en ese alineamiento. Es obvio que en La Cámpora impera el mismo sentimiento, mientras que para los sectores no tan alineados la posibilidad de que la expresidenta recupere la centralidad absoluta resulta un trago semiamargo.

La posibilidad es concreta y real. Lo reconocen en los círculos más cercanos de Cristina, aunque maquillan el fervoroso deseo con la lógica morigeración que marcan los tiempos. Falta un año para esa definición y el manejo de los momentos está entre las virtudes de la exvicepresidenta. Sin embargo, echar a rodar su nombre encierra la picardía de ponerla por encima de la interna. Necesita salir del fangoso terreno en el que se metió al entrar en el internismo como escudo de su hijo, al que desde los sectores que se quieren separar apuntan con insistencia; y para ello nada mejor que insinuar que puede volver al terreno electoral.

Para unos una fiesta, para otros una amenaza que puede cortarles el sueño del vuelo propio sin Cristina como madrina.



Ser la conductora del Partido Justicialista nacional sería el primer paso para el regreso institucional de alguien que aún sin el cargo ejerce el rol, al menos para una porción importante del peronismo.

Pero eso llevaría a que Máximo Kicrhner deba correrse de la conducción del PJ bonaerense. Dejarle a Cristina el sillón de la presidencia partidaria y/o ubicarla en el primer casillero de la boleta de diputados nacionales por la Provincia en 2025 es ni más ni menos que devolverle el poder total de la lapicera.

Precisamente lo que no quieren quienes hoy toman como referencia a Axel Kicillof y se muestran enojados con el kirchnerismo duro porque fueron marginados en las listas del año pasado. Para muchos, que Cristina encabece la boleta es salir por arriba de la interna. La misma conjetura que hace el massismo sobre su jefe.

Andrés Larroque diagnosticó que el peronismo “está en una etapa de descomposición, de atomización, de desencuentro, que hay que resolver rápidamente. Diría, metafóricamente, que estamos como la Argentina de Sampaoli y que tenemos que ir a la Argentina de Scaloni”. Para él, y muchos otros, Scaloni es Kicillof. Lo ven un líder emergente capaz de ordenar al panperonismo; pero Kicillof juega ese rol con tropa prestada y deberá tomar la difícil decisión de enfrentarse a Cristina. Esa lucha cuerpo a cuerpo prefiere evitarla.



Además, se tornará más difícil hacerlo en la medida que ella esté decidida a retomar toda la centralidad del espacio y ser la decidora de quién sí y quién no.

Quizá ese monopolio no pueda ser como en otras épocas cercanas, pero alguien que nunca se fue está de vuelta.

Mauricio Macri: La amenaza sobre la Capital lo pone frente a una encrucijada crucial

Sobre los trozos de la vasija que él construyó y contribuyó a romper, Mauricio Macri volvió a la presidencia del PRO en el peor momento del partido. El exjefe de Estado siente la daga clavada por Patricia Bullrich, a quien ayudó indisimuladamente en la interna contra Horacio Rodríguez Larreta, y ahora lo enfrenta aguerridamente por el control de un espacio que se debate entre quedar subyugado a Javier Milei o mostrar signos de una independencia difícil de sostener. El PRO está en un no lugar del que será complicado salir.

Resolverlo es la primera tarea para Macri. Se le reclamaba mostrar posturas respecto al gobierno de Milei. Lo empezó a hacer y no precisamente en favor del Presidente, sino más bien desde la crítica sobre algunos aspectos del Gobierno. Pero debe medir bien hasta dónde le conviene enfrentarlo o asociarse a él.

Por lo pronto, ya tomó postura el partido de que no se fusionará con La Libertad Avanza, como quiere Bullrich. Sin embargo, mostrarse como enemigo del libertario le podría traer consecuencias serias en el patio de su casa.



Macri no puede permitirse una derrota del PRO en la Ciudad de Buenos Aires en las elecciones intermedias, y con los libertarios comparte buena parte del electorado porteño. En el Gobierno aceptan como una posibilidad concreta que la ministra de Seguridad sea la candidata a senadora nacional por CABA de La Libertad Avanza.

Esa jugada pone a Macri en una encrucijada crucial. Ya aceptan en el PRO que el expresidente podría calzarse nuevamente el traje de candidato. Es un tema conversado en el partido. Con Bullrich en la cancha y Leandro Santoro como el emergente con mejor imagen y buenas posibilidades electorales en Unión por la Patria, el PRO tendría que poner toda la carne en el asador para preservar su territorio originario. Para colmo, Elisa Carrió ya se lanzó como precandidata. Un problema si no cierra con su antiguo socio y van en boletas separadas. Una posible solución si Lilita y Mauricio vuelven a jugar juntos.

Quizá sea la primera vez que los amarillos corren riesgos de perder en la Capital Federal, y Macri le esquivará a cualquier derrota. Que pierdan el partido y él sería un golpe mortal para el espacio que domina en la Ciudad desde 2007.

Sergio Massa: El hombre que no archiva el sueño y jamás le da descanso a la rosca

Tenacidad, persistencia y optimismo son virtudes sinonímicas de Sergio Massa. El líder del Frente Renovador ya cursó el duelo de la derrota y tomó impulso otra vez rumbo a 2027, con una parada intermedia en 2025

Trabaja a sol y sombra para ser el candidato a primer diputado por la provincia de Buenos Aires en las próximas legislativas. Busca un triunfo que lo relance a la presidencial. Será como pieza de unidad de lo que hoy se conoce como Unión por la Patria o será con su partido como mascarón de proa de otra alianza. Pero será.

A Massa se le reconoce la enorme capacidad de rosquear 24 por 24, 7 por 7, 365 por 365. “Seguro ya tengo tres o cuatro mensajes de él”, bromeó ante un grupo de periodistas un diputado nacional de otro espacio hace unos días. El tigrense habla con todos casi todo el tiempo, pero aún así es difícil de descifrar, aunque a veces su nivel de operación es tan intenso que pude quedar demasiado descubierta su mano, que siempre pretende ser invisible.



A Massa le salió en Kicillof un competir serio dentro de UP en las pretensiones presidenciales. Y en la posibilidad de Cristina candidata el año que viene una inesperada piedra en el zapato respecto a la estrategia por la que busca ser el elegido otra vez. Que se mantenga viva la interna entre La Cámpora y el Gobernador es negocio para el exministro de Economía, equidistante de esa contienda, a la que alimenta cuando puede.

Espera el momento justo para aparecer, por eso demoró la presentación de su libro. Ya adelanta que tiene aspiraciones legislativas el año que viene, pero si se pregunta en el Frente Renovador dirán que “está con otras cosas ahora”. Sin embargo, le ha comunicado a varios dirigentes políticos, de los tantos con los que habla, que será candidato.

Y desde su entorno, como siempre, repiten la consigna elaborada en las oficinas de Avenida Libertador. En esta oportunidad es “la lista no la puede encabezar ni alguien de Kicillof, ni alguien de Máximo”. ¿Incluirá eso a Cristina? Es un interrogante por ahora sin respuesta.

Peronismo suelto y exsocios del PRO: Un espacio de centro en ciernes con figuritas que se reciclan

Con el PRO enredado en una interna cada vez más bélica, quienes fueron sus socios en Cambiemos quedaron desperdigados y ahora intentan realinearse en una opción electoral de centro. La intención es que confluyan sectores que hoy juegan juntos en el Congreso en el bloque Hacemos Coalición Federal, donde conviven, entre otros, Miguel Pichetto; Emilio Monzó; Florencio Randazzo; Margarita Stolbizer; Ricardo López Murphy; los diputados que responden a Juan Schiaretti; y el socialismo santafesino. Todos viejos conocidos y del más variado origen político.  Hay contactos, vía Monzó, con Horacio rodríguez Larreta.

En el Congreso es bueno, además, el diálogo con el bloque de la Coalición Cívica (que durante un tiempo compartió bancada), pero Elisa Carrió tiene el diálogo cortado con algunos dirigentes de Hacemos y eso dificulta el armado a futuro. Creen que la chaqueña terminará cerrando con Macri.



La aspiración del sector es formar una gran opción de centro que los contenga a todos ellos y sume, casi de manera fundamental y determinante, a la Unión Cívica Radical. “Sin el radicalismo adentro es casi imposible construir una opción de centro competitiva” reconoció uno de los líderes del bloque. Claro que primero, antes de entrar en una conversación, esperarán el ordenamiento interno del radicalismo. 

Pichetto, Schiaretti y Randazzo están convencidos que la historia debió reservarles un lugar más trascendente y no se resignan. Carrió, eternamente yéndose, eternamente volviendo, ya anunció que será candidata a senadora nacional por la Ciudad de Buenos Aires en 2025. Un problema más para el PRO si no es finalmente ella la candidata de los amarillos. Y Emilio Monzó parece decidido, esta vez sí, a caminar la provincia de Buenos Aires para ir a buscar la gobernación en 2027.

Unión Cívica Radical: Un partido con emergentes que debe resolver un desorden interno complejo

Durante mucho tiempo pesó sobre el radicalismo la falta de figuras nuevas capaces de lavarle la cara al partido, seriamente dañado en el principio del siglo.

Hoy la UCR puede mostrar caras de renovación pese a que algunas ya tienen trayectoria, pero puertas adentro tiene un desorden que deberá acomodar este año para mostrarse homogéneo y casi fundamental para cualquier alianza opositora dispuesta a pelear por el poder.

Martín Lousteau, el presidente del Comité Nacional, vota en el Senado en disonancia con lo que hace el resto de los legisladores radicales, llevando al desconcierto sobre el alineamiento del partido. El economista viene pagando con una caída de su imagen la confrontación con el presidente Milei. Él cree que el costo de hoy será rédito mañana, cuando sea la del Gobierno la imagen pública que se desvalorice. Habrá que verlo.



Maximiliano Abad, otra figura con experiencia, pero joven y que conserva la percepción de aire renovador del radicalismo, tiene una postura de acompañamiento en algunas políticas al gobierno y de oposición en otras. Eso lo llevó a ganar ascendencia dentro del Congreso. En una posición mucho más cercana a la Casa Rosada se para el cordobés Rodrigo de Loredo, también de la renovación. Paradojas, esa actitud lo pone lejos de Lousteau y cerca de Luis Juez, su eterno rival en la provincia mediterránea.

Abad tiene, en lo inmediato, la interna bonaerense que decidirá quién lo sucede como presidente del Comité Provincia. En el enfrentamiento con Facundo Manes ya ha cerrado acuerdos con sectores internos de la UCR, como los que lideran Gustavo Posse y Daniel Salvador, y que propugnan una lista de consenso que evite llevar a los afiliados a las urnas. Por ahora el sector del neurocirujano se mantiene en la postura de competir en las elecciones convocadas para el 6 de octubre. Los candidatos que propone la línea abadista de Adelante Buenos Aires son Miguel Fernández, Erica Revilla y Fabio Quetglas.

Manes, inmanejable para cualquier organicidad partidaria, también se sostiene como emergente y hasta como una figura con características de outsider. Sueñan en su entorno competirle a Milei desde ahí. Hace su juego en la Cámara de Diputados, con posturas contrarias a las de De Loredo, que a veces coinciden con las de Lousteau y otras no. Además, en su armado, busca referencias por fuera del radicalismo y convoca a sectores filoperonistas.


 

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