La Tecla
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El arribo de autos chinos al puerto de Zárate marcó un punto de inflexión en el mercado automotor. Un buque de la firma BYD descargó más de 5.000 unidades eléctricas e híbridas, en el primer envío de gran escala hacia el país, en un contexto de retracción productiva y ajuste en las terminales locales.
La operación se encuadró en el régimen que habilita la importación de vehículos electrificados sin pagar el arancel extrazona del 35%. El volumen ingresado representó cerca del 10 por ciento del cupo anual de 50.000 unidades previsto por el esquema vigente, que fija límites por origen y tipo de tecnología.
El desembarco reactivó la discusión política sobre el impacto de los autos chinos en la balanza comercial y el empleo industrial. Desde el Congreso, el diputado Miguel Ángel Pichetto cuestionó el esquema y sostuvo que se trata de “una pérdida de dólares que destruye el trabajo argentino”, al advertir sobre la competencia desigual.
El Ministerio de Economía respondió que el régimen fue consensuado con el sector automotor y recordó que solo la mitad del cupo puede provenir de China. Según el ministro Luis Caputo, el volumen autorizado representó menos del cinco por ciento de los patentamientos registrados durante 2025.
Mientras avanzan las importaciones de autos chinos, la industria local continúa con señales de debilidad. El inicio de 2026 encuentra a las terminales sin un repunte sostenido, luego de un año marcado por la caída de la actividad, la contracción de exportaciones y un mercado interno condicionado por la situación económica.
La crisis se refleja en las decisiones empresarias. General Motors confirmó la continuidad de suspensiones mensuales en su planta de General Alvear, en Santa Fe, con el pago del 75 por ciento del salario durante los parates. El esquema implica meses de actividad intermitente para los trabajadores.
Desde el sindicato SMATA señalaron que las suspensiones responden a la “caída estrepitosa” de las ventas y alertaron sobre la operación de la planta al 50 por ciento de su capacidad, con unos 600 empleados. El escenario se repite en otras fábricas, con retiros voluntarios y despidos desde 2024.
La baja de exportaciones, en especial hacia Brasil, profundizó las dificultades del sector. Modelos que sostenían el volumen externo redujeron su demanda, lo que impactó en la utilización de las plantas y en el empleo. La combinación de importaciones crecientes y producción en retroceso define el escenario actual.
Un sector en números rojos
Según el informe de ADEFA, diciembre fue especialmente crítico desde el punto de vista fabril. La producción nacional alcanzó apenas 26.468 unidades, lo que implicó una caída del 30,3% respecto de noviembre y del 30,4% en la comparación interanual. Esta contracción se explica, en parte, por la reducción de los días hábiles —solo diez jornadas de actividad—, una situación que impactó de lleno en las plantas radicadas en territorio bonaerense, donde se concentra buena parte del entramado automotor.
Los registros provinciales confirman ese freno industrial. Tras un inicio de año muy bajo, con apenas 20.075 unidades producidas en enero, la actividad mostró una recuperación progresiva hasta mayo y junio, meses en los que se alcanzaron picos superiores a las 38.000 unidades. Sin embargo, el segundo semestre volvió a exhibir señales de debilidad, con caídas interanuales persistentes entre julio y octubre, reflejando la falta de una tendencia sólida.
El contraste aparece con nitidez al observar el desempeño comercial. En diciembre, las ventas mayoristas a concesionarios alcanzaron las 51.355 unidades, un 45,7% más que en noviembre y un 3,8% por encima del mismo mes de 2024. En el acumulado anual, el sector colocó 586.625 vehículos en su red, lo que representó un crecimiento interanual del 42,6%, muy por encima del promedio de la industria manufacturera.
Situación en PBA
Tras un cierre de 2024 relativamente estable —con registros superiores a las 38.000 unidades en octubre y noviembre—, diciembre mostró una contracción significativa, anticipando un inicio de 2025 complejo. En enero, la producción cayó a poco más de 20.000 vehículos, uno de los niveles más bajos del período analizado, reflejando el impacto combinado de la recesión, la pérdida de poder adquisitivo y las dificultades financieras del sector.
Si bien a partir de febrero se observa una recuperación gradual en el volumen producido, con picos en mayo y octubre que superan las 36.000 unidades, la mejora no logra consolidarse de manera sostenida. Las variaciones interanuales muestran un comportamiento errático: meses con subas significativas —como junio, con un salto superior al 67%— conviven con caídas pronunciadas en el segundo semestre, especialmente entre julio y octubre. Esta volatilidad expone la fragilidad de la reactivación y la dependencia del sector de factores coyunturales como el acceso al crédito, el nivel de importaciones de insumos y la demanda interna.