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Domingo, 5 julio 2026
Argentina
1816-2026

La dependencia tras la independencia

Desde la declaración de independencia nuestro país tuvo etapas de fuerte sometimiento con las potencias extranjeras. El historiador Hernán Brienza repasó qué gobiernos argentinos tuvieron mayor o menor dependencia económica y política.

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Ante el peligro de una posible avanzada española para recuperar los territorios colonizados en América Latina, el 9 de julio de 1816 se firmó la declaración de Independencia. El Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sudamérica se reunió en San Miguel de Tucumán y con la presencia de 33 diputados quedó confirmada la liberación nacional de la potencia extranjera.

Ese 9 de julio, los representantes de cada uno de los territorios sudamericanos es que firmaron la emancipación de las Provincias Unidas de Sudamérica, con la intención de formar una “nación libre e independiente del rey Fernando VII” y de “toda dominación extranjera”.

Sin embargo, con el correr de los años hubo distintos gobiernos que tomaron una serie de decisiones que generaron una mayor o menor dependencia, tanto económica como política, a los intereses de los países dominantes. Para realizar un repaso, La Tecla dialogó con el historiador y escritor Hernán Brienza, quien trazó un recorrido histórico sobre qué niveles de dependencia hubo en Argentina tras la declaración de independencia el 9 de julio de 1816.

Para el historiador, un suceso clave que marcó el comienzo de la dependencia económica de Argentina fue la toma de la primera deuda externa en manos de los británicos. La banca británica Baring Brothers prestó en 1824 un millón de libras esterlinas al gobierno de la provincia de Buenos Aires. 

Para Hernán Brienza, ese fue “el puntapié inicial en lo que uno podría decir es la dependencia económica”. La deuda fue tomada por Bernardino Rivadavia, quien “era un hombre que tenía una mentalidad muy europeizante y muy ligada a los intereses de los comerciantes franceses y británicos”.

“La primera deuda pública fue de un millón de libras esterlinas. A la Argentina llegan, 600.000 y 400.000 se la quedan los intermediarios. Y no solamente contento con eso, tardamos como 80 años en cancelar el total de esa deuda en libras esterlinas. Yo diría que ese es el primer momento de gran dependencia económico-financiera de lo que uno conoce hoy como la Argentina”, añadió Brienza.

Juan Manuel de Rosas, el primer soberano

Cuando se analiza la participación de Juan Manuel de Rosas en la política argentina durante la primera mitad del Siglo XIX, se lo puede considerar como un referente de la soberanía nacional.

Tras su paso por el gobierno de la provincia de Buenos Aires en dos oportunidades, sumado a su rol como caudillo referente de la Confederación Argentina, durante su estadía en el poder se empieza a conformar un Estado-Nación confederado, sobre todo a través de la defensa, de la navegación tanto de los ríos interiores como ríos nacionales, además del famoso bloqueo anglo-francés y la batalla de la Vuelta de Obligado.

La dependencia tras la independencia

Sin embargo, Brienza también detalló una serie de medidas que realizó el gobierno de Rosas, fundamentales para lograr una mayor soberanía económica: “La ley de aduana que por primera vez lleva adelante medidas proteccionistas de artesanado de las industrias de las provincias y que promete una especie de coparticipación federal entre las provincias”. 

“Yo diría que cuando uno tiene que pensar dónde comienza a pensarse el Estado-Nación como soberano, yo diría que es en la conformación de la Confederación Argentina, después del Pacto Federal, con un pacto de defensa y de no agresión entre las provincias, un pacto defensivo y ofensivo respecto de otras naciones. Yo creo que ahí se empieza a conformar una idea de Estado soberano”, añadió Brienza.

Sin embargo, cuando llegó Urquiza al poder, para el escritor se trató de “una confederación que dependía bastante de las finanzas brasileñas, de la banca de Maguá, que es un banquero, un agente brasileño económico y financiero, de la cual toma varios empréstitos la confederación de Urquiza entre el 53 y el 60”.

Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca y un aliado especial: Gran Bretaña

Tras la batalla de Pavon, cae el gobierno de Justo José de Urquiza y llega al poder Bartolomé Mitre, quien se queda con la presidencia del país tras la batalla de Pavón. Para Brienza, entre 1862 y 1916 comienza un proceso donde existe “una complementariedad dependiente con la economía británica, con el imperio británico”.

Y añadió: “Gran Bretaña se convierte en el gran cliente del modelo agroexportador argentino y al mismo tiempo en el gran inversor de capitales en Argentina. Eso produce un círculo vicioso donde Argentina exporta materias primas, Gran Bretaña le exporta a Argentina productos manufactureros o manufacturados y la diferencia de balanza comercial entre precios de los productos agropecuarios o de materias primas con los productos manufacturados en la mayoría del periodo en detrimento de la economía argentina y eso se salda con deuda que el propio Estado Nacional Argentino toma con la banca inglesa”.

Este círculo vicioso en el que estaba sumergida la Argentina a finales del siglo XIX se transita durante cuatro presidencias, hasta que en 1890 hace eclosión. Tras la salida de Julio Argentino Roca de la presidencia, lo reemplazó su concuñado Miguel Juárez Celman, quien llegó a la presidencia de la nación luego de imponerse en las elecciones del 11 de abril de 1886, bajo el sello del Partido Autonomista Nacional.

La dependencia tras la independencia

Pese al triunfo, el pago de la deuda externa que el país tenía con Gran Bretaña se volvió imposible de afrontar y terminó con la salida de Celman del poder: “A partir de ahí entre 1862 y 1916, me parece que hay un modelo agroexportador que lo podría caracterizar dependiente. No sé si es exactamente de sometimiento imperial, pero sí es dependiente y en prejuicio de la economía argentina, que genera siempre una deuda, a veces es menos desfavorable, a veces es más desfavorable, pero siempre está generando una deuda externa a favor de Gran Bretaña”. 

“Yo creo que el primer cambio en las lógicas de relaciones internacionales también lo produce el Yrigoyenismo con la famosa ley de neutralidad en la Primera Guerra Mundial”, aseguró Hernán Brienza.

 Un giro al nacionalismo con el primer gobierno de Yrigoyen

El contexto internacional generó una nueva potencia emergente tras la finalización de la Primera Guerra Mundial: Estados Unidos. Si bien los ingleses fueron vencedores en el conflicto bélico, los norteamericanos se posicionaron como uno de los países con mayor poderío económico y militar del mundo y comenzaron a tejer lazos comerciales con América Latina.

Cuando asumió Hipólito Yrigoyen a la presidencia, YPF comenzó a convertirse en un factor fundamental para la economía nacional. Desde la cancillería nacional comenzaron a tener ideas de soberanía nacional, con el nacimiento de la petrolera y la creación de fabricaciones militares. Sin embargo, nuestro país no quedó exento de la crisis mundial que se desató en la década del 30.

“Con Estados Unidos se produce una crisis en la Argentina porque los norteamericanos son una potencia competidora con los productos argentinos y no necesita de la Argentina. En cambio, Gran Bretaña era complementaria. Cuando Gran Bretaña se encierra sobre su mercado común en la década de 30, Argentina se queda sin mercado complementario. Por lo tanto, necesita sí o sí vender productos a algún lugar de la tierra y no los encuentra”, aseguró el historiador.

El regreso al colonialismo con el pacto Roca Runciman

Para Brienza, el pacto Roca Runciman “es un pacto vergonzoso para la economía argentina porque le genera todos los beneficios a Gran Bretaña con tal de que le sigan comprando carnes y cereales a la oligarquía argentina, al modelo exportador argentino, entrega todas las posibles ganancias de ese intercambio”.

El pacto consistía en que los británicos se comprometían a importar cuotas mínimas de carne y nuestro país aceptó la liberación de impuestos para productos británicos, pusieron un tipo de cambio preferencial para todos los productos que llegaban desde Reino Unido, además de que nuestro país recibió un préstamos en libras esterlinas con una importante tasa de interés, para pagar deudas pendientes con el país firmante del pacto.

Por su parte, en el pacto firmado por el hijo de Julio Argentino Roca, Argentina tomó el compromiso de no habilitar frigoríficos de capitales nacionales, favoreciendo a los británicos - que ya eran la mayoría.

Para Brienza, “ese es un momento de mucha dependencia” para nuestro país. “Además se crea el Banco Central a instancias del Banco de Inglaterra solamente para generar el intercambio económico que había entre la Bretaña y Argentina”.

1943-1955, el auge del nacionalismo económico de la mano del peronismo

Un claro ejemplo de crecimiento en la economía nacional y en beneficio hacia los propios se vio durante las dos presidencias de Juan Domingo Perón. Entre 1943 y 1955, el estado nacional se hizo cargo de la economía y se generó un “nacionalismo económico” con la creación del Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI), y el fuerte impulso a la industria nacional con la estatización de empresas, ferrocarriles y servicios de la mano del plan quinquenal. 

La dependencia tras la independencia

Brienza recordó la declaración de la independencia económica por parte de Perón: “Declara el 9 de julio de 1948 la independencia económica porque paga la última cuota de un empréstito contra la banca de Inglaterra. Él hace de ese hecho un acto soberano. Yo creo que cualquier quita de deuda es un acto soberano para cualquier Estado-Nación porque deja de depender su cartera de negocios de las deudas que ya pagó”.

Dictaduras, la dependencia económica moderna y la excepción de Illia

Para el historiador Hernán Brienza, con la caída del gobierno de Perón en manos de la Revolución Libertadora marcó el inicio de la “dependencia económica moderna”. Y añadió: “Es la que Argentina sufre hasta ahora. Es una dependencia de tipo financiera, no es una dependencia del orden estrictamente política o el famoso imperialismo económico o el imperialismo militar”.

“Al hacerse mediante la toma de deuda pública es otro tipo de injerencia, no es una injerencia ni militar ni económica en el sentido de las inversiones directas de un Estado-Nación sobre otra”, siguió el historiador.

Con el derrocamiento de Perón llegó la Revolución Libertadora, y con ella un fuerte endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que llegó a alcanzar un total de mil millones de dólares al finalizar el proceso dictatorial y aplicó un severo ajuste fiscal sobre varias arcas estatales.

Este proceso continuó hasta el regreso de la democracia en 1983, pero con una excepción. Con el fin de la Revolución Libertadora y la detención de Arturo Frondizi, llegó Arturo Illia a la presidencia de la nación. Brienza lo enmarca dentro de los gobiernos considerados nacionales y populares y destacó una serie de políticas realizadas en beneficio nacional como las leyes de medicamentos y combustibles.

La inestabilidad económica y política se mantuvo durante la Revolución Argentina y el tercer gobierno de Juan Domingo Perón. Sin embargo, lo peor llegó con la llegada de la última Dictadura Cívico Militar. Para graficarlo, Brienza sentenció: “Hasta el año 76 la deuda externa era de 7.600 millones de dólares. El gobierno de Perón en el 73 lo recibe con 6.700 millones de dólares y lo deja en 7.600 millones de dólares la deuda. Con una pobreza del 6% y un PBI industrial del 35%. Esos son los números que recibe la dictadura militar. Y cuando la dictadura militar se va, hay una deuda externa de 45.000millones de dólares, casi 46.000 millones de dólares y una pobreza del 26%”.

Brienza recordó que la Dictadura tomó deuda para la guerra de Malvinas y para la carrera armamentística con Chile y con Brasil. Allí añadió: “Toma deuda como política financiera del Estado, para la famosa bicicleta financiera. ¿Qué significa la bicicleta financiera? Significa un negocio que hace el Estado en el cual mantiene el dólar parado un año con tasas de interés en pesos altísimos”.

El historiador aseguró que “la forma de dependencia de la dictadura militar es, además de financiera, de relaciones automáticas con Estados Unidos”, con la única excepción de la guerra de Malvinas.

Alfonsinismo, los 90 y el inicio de la megacrisis

En el alfonsinismo se produce el regreso de la democracia, donde tiene un fuerte envión de autonomía y soberanía política con el Plan Grinspun, que incluía una recuperación del salario de los trabajadores, acuerdos de precios para contener la extrema inflación que dejó la Dictadura, además de un fuerte rechazo a la deuda externa del país.

Sin embargo, la llegada del Plan Austral complicó los planes a futuro del gobierno radical. Lo que parecía un éxito con el fin de la emisión, el congelamiento de precios y salarios, además de la llegada del austral como nueva moneda, terminó con la conocida hiperinflación que terminó con la salida temprana del Padre de la Democracia.

La dependencia tras la independencia

“Todo plan de refinanciamiento del FMI es una negociación sobre qué va a hacer un Estado con sus recursos. Y también con qué negocio se van a quedar los inversores privados de extranjera. Ese modelo se repite con el menemismo, que pasa la deuda externa de 65.000 millones de dólares a 180.000 millones de dólares”, sentenció Hernán Brienza.

Y añadió: “Pero a eso hay que sumarle la privatización de todas las empresas del Estado, con lo cual hay que pensar que esa pérdida podría haber sido mayor. A diferencia de lo que uno podría pensar, las privatizaciones fueron para empresas europeas y no estadounidenses. Los grandes compradores fueron europeos, no fueron estadounidenses. Y sostener el 1 a 1 se sostuvo a través de la toma de deuda también. con lo cual eso es más dependencia. También en el gobierno de Menem hubo una transnacionalización de todas las empresas privadas, que también fueron compradas por empresas extranjeras. A eso se le suman las relaciones carnales con Estados Unidos y el pacto de renegociación. de relaciones exteriores con Gran Bretaña, que se habían roto desde Malvinas”.

El historiador sostuvo que hubo, “no solamente una dependencia económico-financiera, sino también una dependencia de tipo política a través de la Cancillería. Y eso termina desencadenando que en 2001 nos suelten un poco la mano de Estados Unidos, previo al salvataje financiero de 40.000 millones de dólares más”.

El Siglo XXI y un transcurso con vaivenes

El país llegó a su punto máximo de crisis durante diciembre de 2001, que terminó con la salida en helicóptero de Fernando de la Rúa. Pasaron cinco presidentes en poco más de una semana y tomó las riendas del país Eduardo Duhalde hasta el año 2003. Allí llegó Néstor Kirchner a la presidencia con más porcentaje de desocupados que votos.

Sin embargo, durante su gobierno hubo políticas para desendeudar al país y fomentar el crecimiento de la industria nacional con el fin de generar nuevos puestos de trabajo en un país que estaba en llamas. Brienza recordó: “El gobierno de Néstor y los dos de Cristina, fueron los últimos donde estábamos no tan sometidos a otros intereses. Donde el Estado-Nación tiene una mayor autonomía frente al FMI y frente a lo que ocurre con el sistema financiero internacional”. 

La dependencia tras la independencia

Con respecto al macrismo, recordó la toma de deuda de 50 mil millones de dólares con el FMI. Y aseguró: “Hay que tomar como variable la dependencia financiera y la dependencia ideológica, que es la idea de que la Argentina debe alinearse automáticamente con Estados Unidos. Esa es una dependencia ideológica, no financiera. Es someterse a los intereses de ellos”.

 Y durante el gobierno de Alberto, entre la pandemia, la guerra, la negociación frustrada con el FMI es difícil. Y hoy estamos en niveles de sometimiento. Yo no sé si sometimiento es exactamente la palabra. Yo diría que es un alineamiento dependiente. Porque yo no podría decir que Trump viene a someter a la Argentina. Más bien creo que Argentina se somete solita. Brasil no tiene esas políticas de sometimiento. Creo que el modelo de dependencia es un modelo diferente al de las lógicas imperiales del siglo XX. Hoy el sistema financiero internacional no se impone en la forma en que se imponía en el siglo XX”. 

 

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