Un verano de desastres: Europa arde y el Himalaya se derrumba
Olas de calor e incendios récord en Europa, terremotos en Venezuela y Colombia, inundaciones en el Caribe colombiano y una riada glacial en la frontera de Nepal y Tíbet concentran en 2026 una cadena de emergencias que ya deja miles de muertos y desaparecido
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El año climático en Europa quedó marcado desde mayo. Varias olas de calor, la de finales de junio entre las más severas registradas en el continente, llevaron el termómetro por encima de 40 °C en Alemania, Chequia, Polonia, Hungría y España, y a más de 45 °C en puntos de Cerdeña y Sicilia. La OMS llegó a estimar miles de muertes en exceso por el calor.
El suelo seco y los ríos bajos, entre ellos el Sena, el Rin y el Danubio, alimentaron una temporada de incendios que, a finales de julio, superaba las 400.000 hectáreas quemadas en la UE y evacuaciones masivas en Francia y España.
En agosto el patrón no se detuvo: fuegos en Serbia y Bosnia, lluvias torrenciales en Tarragona, incendios en Valencia y tormentas que en Polonia generaron miles de intervenciones.
En América del Sur el golpe fue sísmico. El 24 de junio, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron la costa central de Venezuela, con el mayor daño en La Guaira. El saldo oficial fue subiendo con los días y, semanas después, balances internacionales hablaban de miles de muertos, decenas de miles de desaparecidos y pérdidas preliminares de miles de millones de dólares. Colombia envió rescatistas USAR, vuelos humanitarios y reportó decenas de connacionales fallecidos o desaparecidos.Colombia ya venía de un invierno anómalo. A comienzos de año, inundaciones en la costa Caribe afectaron a más de 150.000 personas y decenas de miles de hectáreas. El 10 de agosto, un sismo de magnitud 7,4 en el Chocó, sentido con fuerza en Cali, dejó cientos de muertos y desaparecidos, edificios colapsados y una respuesta de emergencia que contrastó, según testigos y agencias, con el caos inicial en Venezuela.
El último eslabón se abrió el miércoles en el Himalaya. El colapso de parte de un glaciar en la frontera Nepal-Tíbet (el USGS aclaró que no fue un terremoto, sino el impacto del hielo, la roca y el lodo) desató una riada que arrasó aldeas, carreteras y el corredor de Gyirong-Rasuwa, zona de peregrinos y trekkers. Hay cientos de muertos confirmados y cerca de 1.400 desaparecidos entre ambos lados de la frontera, muchos de ellos turistas de India, Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Canadá.De los incendios europeos al barro del Himalaya, 2026 exhibe un mismo patrón: calor extremo, hielo inestable y tierra que no resiste. Las labores de rescate siguen abiertas en varios frentes.