Las guardias reciben cada vez más consultas de menores por crisis graves. El fenómeno ya no se considera aislado y exige prevención y contención urgente.
Los equipos de salud advierten un aumento de casos de extrema vulnerabilidad entre chicos y adolescentes.
El bullying, los conflictos familiares, el aislamiento y la presión social aparecen con frecuencia, aunque no hay una sola explicación. La magnitud del problema supera a hospitales, instituciones y comunidades en general.
Los especialistas piden detección temprana, más acceso a tratamiento y una respuesta conjunta. Detrás de cada caso hay un menor en situación límite.
La preocupación no se limita al volumen de casos. También apunta a la falta de recursos suficientes para la prevención, la detección temprana y el acceso a tratamientos. El fenómeno involucra a las familias, las escuelas, los hospitales y las políticas públicas.