Lo que el 17 de octubre dejó: lealtad a la unidad, fidelidad a la propia interna
Mientras los distintos sectores del PJ llamaron a construir una alternativa contra Milei, la dirigencia volvió a dividirse en el día más simbólico del movimiento. Las PASO aparecen como una salida posible, aunque la discusión de fondo sigue siendo quién tendrá la lapicera en 2027
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El Día de la Lealtad encontró al peronismo en una situación tan conocida como incómoda: todos hablan de unidad, todos señalan a Javier Milei como adversario y todos reconocen la necesidad de construir una alternativa electoral. Sin embargo, cuando llega la hora de mostrar esa unidad, las fotos vuelven a salir separadas. Detrás de los discursos sobre la historia, la justicia social y la soberanía, la disputa por el liderazgo de 2027 sigue abierta y sin un mecanismo consensuado para resolverla.
Axel Kicillof aprovechó el escenario de González Catán, en La Matanza, para dar un paso más en su proyección nacional. Sin anunciar formalmente una candidatura presidencial, el Gobernador dejó pocas dudas sobre su intención de jugar en la próxima contienda. “Cuenten conmigo para poner el cuerpo, recorrer el país y asumir las responsabilidades que hagan falta”, sostuvo ante una multitud que, según los organizadores, reunió a unas 20 mil personas.
El mensaje no fue solamente hacia afuera. También tuvo destinatarios dentro del propio justicialismo. Cuando Kicillof pidió dejar de lado las diferencias y recordó que “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”, volvió a poner sobre la mesa una tensión que atraviesa al espacio desde hace meses: cómo construir una alternativa competitiva sin que la discusión por la conducción termine convirtiéndose en un nuevo factor de fragmentación.
El mandatario bonaerense combinó críticas a Milei, reivindicaciones de Perón y Néstor Kirchner y una defensa de Cristina Fernández de Kirchner, a quien calificó como una dirigente injustamente presa. Pero el dato político de su intervención estuvo en otro lado: el intento de presentarse como una figura capaz de ampliar la base electoral del peronismo, recuperar a quienes votaron al oficialismo nacional y hoy están desencantados, y transformar la gestión provincial en una plataforma de alcance nacional.
La presencia de Verónica Magario y Fernando Espinoza reforzó esa lectura. La vicegobernadora llamó a construir liderazgos desde abajo y le abrió explícitamente la puerta a Kicillof para asumir ese papel. El intendente de La Matanza, por su parte, habló de un nuevo presidente y de un frente amplio que exceda las fronteras partidarias. El mensaje fue claro: el kicillofismo quiere dejar de ser solamente una corriente bonaerense y convertirse en una opción para disputar la Casa Rosada.
Cristina, Máximo y la disputa por la centralidad
Del otro lado, el kirchnerismo también tuvo su propia hoja de ruta. Máximo Kirchner participó de una actividad en Chaco junto a Jorge Capitanich y la jornada culminó con una concentración frente al domicilio de Cristina en San José 1111, donde la expresidenta cumple prisión domiciliaria por la causa Vialidad.
La secuencia buscó sostener a CFK en el centro de la escena política y reafirmar que su liderazgo continúa siendo una referencia insoslayable para ese sector. Máximo fue explícito al reivindicarla como la dirigente capaz de poner límites al poder económico y cuestionó a quienes, dentro del peronismo, prometen confrontaciones que luego no están dispuestos a sostener.
También dejó una definición que apunta directamente a la interna: la unidad no puede reducirse a un acuerdo entre dirigentes. Para el titular del PJ bonaerense, hace falta un programa económico y social que explique cómo recuperar el poder adquisitivo, financiar la educación y la salud públicas y reconstruir la industria nacional. Una crítica que, además de apuntar contra Milei, funciona como advertencia hacia quienes pretenden resolver la discusión interna solamente mediante negociaciones de cúpula.
La diferencia con Kicillof no radica en el diagnóstico sobre el Gobierno nacional, sino en quién debe encabezar la reconstrucción opositora. Mientras el Gobernador avanza con el Movimiento Derecho al Futuro y busca ampliar su construcción territorial, La Cámpora mantiene a Cristina como referencia central, aun cuando su situación judicial condiciona las posibilidades electorales. El diálogo entre ambos espacios continúa atravesado por la desconfianza y la competencia política.
La fecha, en ese sentido, no sirvió para acercar posiciones. Cada sector defendió su propia interpretación de la lealtad y de la reconstrucción del peronismo. La coincidencia discursiva sobre la necesidad de volver a gobernar no alcanzó para producir una foto común.
Massa, las PASO y la ingeniería de la unidad
En ese tablero, Sergio Massa intenta ocupar un lugar diferente. Su encuentro con Cristina Kirchner, el viernes previo al 17 de octubre, puso en primer plano una discusión que puede resultar decisiva para el futuro del PJ: qué ocurrirá con las PASO y cómo se resolverá la competencia entre los distintos aspirantes.
Massa, Kicillof y el kirchnerismo encuentran en las primarias un punto de coincidencia. Para el massismo, representan una herramienta institucional para ordenar la interna; para el Gobernador, pueden ofrecer una vía para competir sin romper el espacio; y para el kirchnerismo, constituyen una alternativa frente al riesgo de que una eventual eliminación de las primarias deje las candidaturas sujetas a acuerdos entre las cúpulas partidarias.
La discusión excede la cuestión reglamentaria. Si las PASO desaparecen, el peronismo deberá encontrar otro mecanismo para resolver sus diferencias o arriesgarse a llegar a las elecciones con candidaturas enfrentadas. Entre las alternativas que circulan aparece la posibilidad de una competencia en las generales, una suerte de interna de hecho que podría fragmentar el voto opositor y complicar el objetivo común de derrotar a Milei.
Massa, mientras tanto, busca conservar interlocución con los distintos sectores y evitar un alineamiento definitivo que reduzca su margen de maniobra. Su consigna de que “la unidad es el camino a la victoria” resume una estrategia que todavía no se traduce en una arquitectura electoral concreta.
La CGT también había llamado a dejar atrás los egos y las disputas, con la presencia de dirigentes cercanos a Kicillof como Julio Alak y Jorge Ferraresi. El movimiento obrero busca recuperar protagonismo en la reorganización del peronismo, aunque tampoco cuenta con una conducción política unificada que pueda ordenar al conjunto.
El problema no es solamente el candidato
El análisis de Carlos Fara aporta otra arista a la discusión. El consultor advirtió sobre las señales cruzadas dentro del espacio y cuestionó la posibilidad de una fórmula Massa-Máximo, a la que describió como una construcción concentrada en la política bonaerense y con escasa capacidad para movilizar al interior del país. Su observación apunta a un problema que trasciende los nombres: la dificultad del peronismo para construir una propuesta federal que combine liderazgos, territorios e intereses diversos.
En efecto, la discusión no se limita a determinar si el candidato será Kicillof, Cristina -si su situación judicial lo permitiera-, Massa u otra figura. También está en juego qué peronismo pretende reconstruirse, con qué programa económico, qué relación tendrá con los gobernadores y qué sectores sociales podrá volver a representar.
Máximo reclama definiciones programáticas y advierte contra un mero amontonamiento de dirigentes. Kicillof propone ampliar la convocatoria y construir una alternativa desde las bases. Massa apuesta a las reglas electorales y a la negociación para evitar una ruptura. Los tres movimientos pueden convivir, pero también pueden convertirse en estrategias incompatibles si ninguno está dispuesto a ceder terreno.
El peronismo percibe una oportunidad política frente al desgaste del Gobierno nacional y comienza a organizarse con la mirada puesta en 2027. Sin embargo, una cosa es identificar el escenario favorable y otra, muy distinta, construir una fuerza capaz de aprovecharlo. La economía, el malestar social y las dificultades de la gestión libertaria no garantizan por sí solos una recuperación electoral del PJ.
El 17 de octubre dejó, en definitiva, una postal que condensa el momento del movimiento: discursos de unidad, homenajes a Cristina, señales presidenciales de Kicillof y negociaciones para preservar las PASO, pero ninguna síntesis capaz de reunir a todas las tribus bajo una misma conducción.