La interna que Kicillof no puede apagar: definiciones en las urnas y una tregua que no se sostiene
El Gobernador reivindica ahora la herramienta que el año pasado había suspendido, en medio de una disputa por el liderazgo del peronismo bonaerense.
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En medio de la tensión con Máximo Kirchner, el gobernador Axel Kicillof no descartó competir con su propia lista en unas eventuales elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias de cara a 2027. El planteo implica un giro respecto de la posición que el mandatario sostuvo el año pasado, cuando impulsó la suspensión de las PASO en la provincia de Buenos Aires. En una entrevista televisiva, Kicillof defendió ahora la herramienta como un mecanismo capaz de unificar al espacio: "La vocación que tiene que haber es construir una alternativa, construir una fuerza política que pueda ganarle a Milei y de alguna forma resolver las diferencias (...) claramente las PASO son un instrumento", sostuvo, al tiempo que cuestionó la intención del Gobierno nacional de eliminarlas.
El Gobernador fue más allá y leyó la eliminación de las primarias como parte de la estrategia electoral libertaria para 2027. "Milei las quiere eliminar porque ve que pueden servir para articular una oposición que tiene diferentes vertientes y porque, por otro lado, cree que eliminando las PASO puede generar una hegemonía sobre todo un sector", advirtió. El planteo llega en una semana de intensos movimientos políticos dentro de Fuerza Patria, donde la disputa por el liderazgo sigue sin encontrar equilibrio pese a los esfuerzos de Kicillof por mantener el foco en la gestión.
El propio mandatario provincial volvió a reunir a intendentes, ministros y legisladores del MDF para reforzar su construcción política y delinear el escenario hacia 2027, con el pedido explícito de priorizar la confrontación con Milei y evitar responder a las provocaciones de otros sectores del peronismo. Sin embargo, puertas adentro del espacio ya se instaló el debate sobre si una PASO es la vía para ordenar las candidaturas o si, por el contrario, puede profundizar la fractura: mientras en el entorno de Kicillof consideran que las primarias permitirían resolver democráticamente la disputa de liderazgos ante la falta de un acuerdo amplio, varios intendentes temen que una interna abierta desgaste aún más a un espacio ya condicionado por el contexto económico y el avance de La Libertad Avanza en la provincia.
A esos movimientos se sumó la consolidación de un grupo de diez intendentes —entre ellos Federico Achával, Federico Otermín, Gastón Granados, Nicolás Mantegazza y Gustavo Menéndez— que volvió a reunirse en Ezeiza con la intención de erigirse como una "cuarta pata" del peronismo bonaerense, sin referenciarse ni en el kicillofismo ni en el kirchnerismo.
En paralelo, la tensión con La Cámpora volvió a escalar en la Legislatura a partir de los proyectos del senador Mario Ishii sobre emergencia alimentaria y sanitaria, que derivaron en un cruce entre el ministro de Gobierno Carlos Bianco y el dirigente de José C. Paz, y expuso otra vez las dificultades para sostener la tregua que Kicillof intenta imponer puertas adentro.
La nota de tapa de La Tecla recogió esta semana las voces de distintos referentes peronistas sobre el dilema de fondo: competir unidos, amontonados o cada uno por su lado. Sergio Berni se plantó del lado de la confrontación abierta con el MDF y el kirchnerismo por igual: "Yo soy un soldado. Los soldados no especulamos, vamos al frente (...) soy de los que prefieren perder con lo nuestro. Lo que no nos puede pasar es lo que nos pasó con Alberto Fernández, ganar para después terminar como terminamos", sentenció, en una definición que profundiza la grieta entre ambos sectores.
Desde el kicillofismo, Julio Bárbaro apuntó directamente contra la continuidad de Cristina Fernández de Kirchner al frente del espacio: "Hay que sacar a Cristina, porque donde fue el kirchnerismo, como en Salta con Urtubey, no sacó votos para nada. No tenemos que seguir probando el fracaso". Además, cuestionó el rol de Miguel Ángel Pichetto, a quien acusó de jugar funcionalmente para el oficialismo nacional al reclamar la liberación de la expresidenta sabiendo que, de imponerse esa postura minoritaria, termina beneficiando electoralmente a la derecha.
En las antípodas, Juan Manuel Abal Medina y Felipe Solá reivindicaron la construcción de un peronismo amplio que dirima sus candidatos en una gran PASO abierta a peronistas, afiliados y no afiliados al PJ, bajo la premisa de que "la cuestión principal es la unidad, pero unidad a través de discusión y de programa". Solá apeló al recuerdo histórico de Perón y su vocación de ampliar la base del movimiento, incluso con el gesto hacia Ricardo Balbín, para sostener que hoy el espacio necesita "querer algo más grande". Una postura distinta plantea Guillermo Moreno, que descree de una interna o una PASO por su alto costo político y considera que los candidatos deben definirse "por consenso dentro del movimiento peronista", en la vereda opuesta tanto a Berni como a Abal Medina y Solá.