NOTA DE TAPA
20/04
Oficialismo vs. oposición: medidas restrictivas, política electoral y un costo por pagar
Alberto Fernández tomó la decisión de restringir la nocturnidad y suspender las clases presenciales, y es quien podría quedar más afectado; pero Rodríguez Larreta y Kicillof, también ponen su imagen en juego. La crisis sanitaria profundiza la grieta cerca de una elección
En un escenario donde hay mucho para perder y poco para ganar, y a espaldas de una sociedad que pide mesura en medio de la angustia, la política argentina decidió combinar el peor momento de la pandemia con el lanzamiento de la campaña electoral. Profundizar la grieta es el lema que traza al oficialismo y a la oposición, más allá de la forzada reunión entre el Presidente, Alberto Fernández, y el jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, celebrada luego de una conferencia de prensa de Axel Kicillof cargada de misiles hacia el gobierno porteño y los dirigentes del PRO. 

Las restricciones que comenzaron a regir el pasado viernes, con vigencia hasta el último día de abril, y que tienen como principal foco de conflicto la suspensión de clases en el AMBA, son el terreno donde se disputa la batalla entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, pero es una más de las que se librarán en la guerra electoral. Sin embargo es mucho lo que cada uno pone en juego en esta contienda; fundamentalmente el Presidente, pero también todos aquellos que tienen responsabilidades ejecutivas, es decir, Larreta, Kicillof y los intendentes. 

Un jefe de Estado que necesita recomponer su autoridad, tanto para adentro de su espacio como de cara a la sociedad; un mandamás capitalino que se ve obligado a abandonar gestos conciliadores arrastrado por el ala dura de su propio partido; y un Gobernador que confronta con dureza e impone condiciones en sintonía con Cristina Fernández, quien desde el silencio dice mucho y desde sus discípulos actúa quirúrgicamente. 

El llamado de la oposición a rebelarse e incumplir el mandato del decreto presidencial es una granada que, de estallar, dañaría seriamente la alicaída imagen de Fernández y pondría bajo un duro cuestionamiento su autoridad. Un golpe del cual será difícil recuperarse en un país presidencialista y que socialmente reclama un líder fuerte y seguro. Alberto lo sabe y, por eso, quiso imponer firmeza al decir “conmigo, la rebelión no”. 

Sabedor de que ante un eventual fracaso del nuevo confinamiento sería el único que pagaría el costo político (o, al menos, al que más lo afectaría), el Presidente ya había tomado, el martes por la noche, la decisión de suspender las clases presenciales y limitar al extremo la nocturnidad. Enojado, no solo con el afuera sino también con parte de su propio equipo y del espacio que representa, sorprendió con su anuncio tanto a la sociedad como así también a miembros de su gabinete y al mandatario bonaerense. 

“No le quedó otra. Los gobernadores podían aplicar medidas restrictivas, pero ninguno quiso pagar el costo político, y tanto desde el oficialismo como desde la oposición pedían endurecer. Alberto dijo que no especulará políticamente con esto, como evidentemente hacen otros, y tomó el toro por las astas”, subrayó ante La Tecla un vocero del Gobierno. 



El miércoles, minutos antes de conocerse las medidas, el ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, y su par bonaerense, Agustina Vila, intercambiaban mensajes acerca de lo que sería mejor. Trotta había escrito al mediodía en su cuenta de Twitter que no habría interrupción de la concurrencia de los chicos a las escuelas. La decisión del Presidente lo dejó mal parado. A Alberto, algunas actitudes de su ministro no le gustan, por ejemplo que habla demasiado. Sin embargo, no entregaría su cabeza ahora. Además, el pedido de la oposición de hacerle juicio político al titular de la cartera educativa es otro misil que busca impactar en el Presidente y en sus medidas. 

Fernández se jugó solo el pescuezo con la determinación de suspender las clases presenciales, e incluso fue más allá de lo que le pedía Kicillof. Si bien el Gobernador, desde hace un par de semanas brega por medidas duras que frenen la circulación de personas, su idea inicial respecto a la educación era sostener la presencialidad en las primarias y volver al sistema de virtualidad en las secundarias. “Axel dice que dentro del aula se rompen burbujas pero no es el principal problema”, dijo a La Tecla un integrante del Gabinete bonaerense, e hizo hincapié en que “el inconveniente más grave es la circulación y lo que genera llevar el chico a la escuela”. 

En este contexto, números suministrados por el mandatario provincial sobre contagios en escuelas del Conurbano fueron definitorios para que el Presidente decidiera el cierre por 15 días, que podría extenderse si la segunda ola no encuentra una meseta. 

Pese a que el anuncio presidencial fue muy en línea con el reclamo de Kicillof, Alberto también basó parte de su decisión en datos que le acercaron el día anterior sobre los controles que se hacían tanto en Capital Federal como en la provincia de Buenos Aires. Según fuentes de la Casa Rosada conoció circunstancias que lo intranquilizaron y enojaron, sobre todo por la falta o ausencia controles en el AMBA, responsabilidad primaria de la policía y de sus jefes directos. 

Desde un primer momento se pretendió instalar, principalmente por parte de los medios enfrentados con el Gobierno, que la disposición de distribuir fuerzas federales para controlar la circulación era coparle el territorio a Rodríguez Larreta. Pero lo concreto es que se decidió también un enorme despliegue en la Provincia, por el cual se sumaron 1.000 efectivos de las fuerzas federales a los 4.000 que ya operaban en el Conurbano. Parece que la Rosada no confía en la manera de hacer cumplir las medidas por parte de la Bonaerense y de las policías e inspectores municipales. 

La ola de reproches llegó rápidamente y el equipo ministerial salió, como no había sucedido antes, a desplegar su artillería contra los cuestionamientos de la oposición, que, en una actitud cuasi golpista, llamó a la rebelión, convocó a cacerolazos y mostró sin pruritos su apuesta a todo o nada. Muestras de ello dieron Patricia Bullrich caceroleando en la puerta de la Quinta de Olivos y el expresidente Mauricio Macri pidiendo a los intendentes del espacio que desobedecieran el decreto; aun cuando algunos de los jefes comunales de Juntos por el Cambio impartieron en sus distritos medidas más duras, como Julio Garro en La Plata o Ezequiel Galli en Olavarría. 

En el medio, Horacio Rodríguez Larreta y su gabinete jugaron la carta de rebelarse contra las restricciones nocturnas y, sobre todo, contra la suspensión de clases. Pero, otra vez, el jefe de Gobierno quedó encerrado entre la postura de los duros del PRO y la moderación que se autoexige para convivir con Balcarce 50 y gobernar sin sobresaltos. Mientras desde el espacio político se lo alentaba a la ofensiva bélica sintió la necesidad de no cortar el diálogo. Casi insultando reclamó una reunión con el Presidente. Alberto se la dio. No cambió nada. El jefe de Estado se mantuvo firme en su decisión y Larreta mordió el polvo de una derrota que ya estaba consumada antes de pedir el encuentro. Quizá en esa reunión a solas, que mantuvieron el viernes y duró dos horas, se hayan dicho lo que ninguno de los dos admitirá en público, y es que no están tan convencidos del camino tomado, pero ciertas circunstancias no les dejan salida. 

Quizá, también, Larreta se haya referido a ese secreto que lo perturba, lo aleja de su moderación y le coarta la posibilidad de hablarles a los del medio, aquellos no fanatizados con la grieta. A veces, la política es cruel con cuestiones que están fuera de la vida pública, sobre todo si en tu propio espacio no se respetan ciertos códigos. Parece que en Juntos por el Cambio, una parte de la carrera hacia las candidaturas de 2023 se encierra en folios oscuros. 

Las cuestiones internas sin resolver en la oposición son el resquicio que encuentra el oficialismo para buscar aire frente al ataque constante. Fue contundente en ese sentido Axel Kicillof cuando, en la conferencia de prensa en la que salió a bancar al Presidente -y también a decirle tácitamente que no debía retroceder frente a los reclamos del porteño-, espetó: “Pensábamos que Larreta era diferente porque tenía responsabilidades de gestión, pero es igual que ellos. Que venga Macri a discutir, directamente, es más sincero. Uno se hace el blando, otro el duro, y van para el mismo lado. Estamos combatiendo una pandemia, no otra cosa”.

Es la mejor forma de esmerilar al jefe de Gobierno de la Ciudad en sus ambiciones políticas y, también, la manera de mantener a Macri en el ring. Está claro que el kirchnerismo duro apuesta, al igual que el macrismo extremo, a sostener la grieta y discutir dos modelos bien antagónicos. En ese escenario, Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta aparecen encorsetados entre lo que deben hacer y lo que quisieran. 

Kicillof, por su parte, surfea la crisis sanitaria culpando de todos los males a la Ciudad y bajo el paraguas que le ofrece el hecho de que sea el Presidente quien termine pagando el costo político si las cosas salen mal. Es la comodidad de todos los gobernadores, que, pese a tener a mano la posibilidad de tomar medidas per se, esperan que se marquen todos los caminos desde la Rosada. 





Máximo apuntó a Macri
La banca del Patria


Desde el Instituto Patria, también salieron a cuestionar a la oposición y a bancar el decreto de Alberto Fernández, que no tuvo intervención de la vicepresidenta, Cristina Fernández. “Son medidas impopulares, pero que hay que tomar, no queda otra; lo principal es proteger la salud de la gente”, dijo un miembro de La Cámpora, y agregó que lo que dice el espacio es lo que expresó públicamente Máximo Kirchner. El presidente del bloque de Diputados del Frente de Todos sostuvo que “estos diez días hábiles deben servir para bajar los contagios”, además de anticipar que “una vez que pase la pandemia deberemos trabajar y focalizar en fortalecer la educación primaria, que es un período fundamental para el aprendizaje”. Máximo también fue duro con la oposición. “Creo que la actitud que están teniendo tiene mucho que ver con la complejidad polítca de Juntos por el Cambio o Cambiemos, no sé bien la razón social que tienen ahora, y que hoy Macri termina conduciéndolos, y eso complejiza mucho las cosas”, disparó, en una entrevista con Roberto Navarro. Además sembró una sospecha: “Creo que el expresidente montó un sistema de persecución y de seguimiento, no solo de sus opositores políticos o de quien lo criticara en la sociedad, no solo de quienes pertenecían a la política, sino también hubo episodios de hacer inteligencia sobre su propia fuerza política. Bueno, a partir de eso, uno ya no sabe, ni quiere saber, qué información obtuvo Macri”.


Clases presenciales
La Justicia, el terreno donde se decidió dirimir un conflicto político


En la guerra política entre el oficialismo y Juntos por el Cambio, Horacio Rodríguez Larreta decidió involucrar al Poder Judicial por el conflicto de la suspensión de clases presenciales. El camino institucional elegido por el Gobierno de la Ciudad fue una cautelar ante la Corte Suprema, pero, por lo bajo, dio un guiño para que ONG que están en sintonía con el PRO recurrieran también a la Justicia porteña. Así, el domingo, la Sala 4 de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo, Tributario y de Relaciones de Consumo de la Ciudad, que integran los jueces Marcelo López Alfonsín, Laura Alejandra Perugini y Nieves Macchiavelli (hermana del secretario de Ambiente porteño, Eduardo Macchiavelli), ordenó habilitar las clases presenciales, en detrimento del DNU presidencial. De inmediato, el Procurador del Tesoro de la Nación, Carlos Zannini, presentó, ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal de la Ciudad, un planteo para que se declare la inhibitoria de la Justicia porteña y la invalidez de lo decidido por la Sala 4 de la Cámara en lo Contencioso. En tanto, intendentes bonaerenses del PRO, también recurrieron a la Justicia para lograr revertir el DNU, pero sin un fallo favorable hasta el cierre de esta edición.





Carlos Germano
“El Gobierno no tiene espaldas y está muy devaluada la imagen del Presidente”


El consultor Carlos Germano remarcó que quedaron demostrados tres factores: “La improvisación en primer lugar. Segundo tema es lo que le está costando al Presidente liderar la coalición de gobierno, porque está muy maniatado, fundamentalmente por la provincia de Buenos Aires y el Conurbano, que es lo que hoy está dominando la política argentina y es donde mayor preponderancia de liderazgo tiene Cristina Fernández. Y el tercer tema es la inflación”. Sobre las medidas opinó que “tomó por sorpresa a millones de argentinos. Si escuchabas el jueves te encontrabas con importantes contradicciones: primero, el twitter de Trotta, y luego, la conferencia de prensa de la ministra de Salud (Carla Vizzotti), planteando ‘de casa a la escuela y de la escuela a casa’. Después apareció la medida de suspender la presencialidad, que, creo, va a traer consecuencias importantes en la imagen de gestión y del Presidente”. Respecto al impacto en la imagen de Alberto Fernández, Germano afirmó que “la primera impresión es que lo afecta fuertemente, ya que en los últimos meses viene en un goteo permanente de pérdida de credibilidad”. Agregó en sintonía con ello: “En casi todos los países se tomaron este tipo de medidas, pero hay países que tienen mucha más espalda que Argentina. En pandemia, mucho para inventar no hay: si no tenés vacunas, lo que viene es el confinamiento”. Para el analista, “el problema es que hoy, el Gobierno no tiene espalda, no tiene credibilidad, está muy devaluada la imagen del Presidente después de un 2020 muy largo en confinamiento, que, indudablemente, hizo estragos en la mayoría de las economías familiares”. En ese sentido explicó que la oposición, “con la aparición de Patricia Bullrich trató de capitalizar rápidamente el descontento de la sociedad. La crítica profunda va a estar en las redes en los sectores jóvenes y en los padres organizados que no están de acuerdo y están preocupados”.



Pablo Roma
“Larreta debería haber sido menos permeable a las tensiones internas”


El politólogo Pablo Romá, director de la consultora Circuitos, habló con La Tecla y analizó el impacto en el escenario político de la implementación de nuevas restricciones a la circulación impuestas por el Gobierno nacional. 
-¿Quién paga el costo político con las restricciones y el rechazo de la oposición a estas medidas? 
-En este contexto tan polarizado es difícil medir el costo político. Los que están consolidados con la oposición ven al Gobierno nacional como responsable, y los que están vinculados al oficialismo aceptan las restricciones. Pero me parece que lo que tensiona esta situación de los polos consolidados es la inversión económica en términos de ayudas a los sectores más afectados por las restricciones. 
-¿Rodríguez Larreta estaba obligado a oponerse, en el marco de su interna en Juntos por el Cambio y en su intención de ser el adversario del oficialismo en el futuro? 
-La posición de Larreta es compleja. Hizo un discurso en el que dijo todo lo contrario a Alberto. Es audaz, pero peligroso. Me parece que fue un mensaje más para la Ciudad de Buenos Aires que para la sociedad en general. Es un límite para sus aspiraciones. Forma parte de tensar la situación social y sanitaria. Después hay que ver las tensiones internas de su espacio. En ese caso, Larreta debería haber sido menos permeable a estas. 
-¿El Presidente tomó una decisión que ninguno de los gobernadores quiso tomar por el costo político? 
-Me da la sensación que sí. Los gobernadores no quieren avanzar en mayores restricciones por el costo político. Fernández se hizo cargo de una decisión que no es tan simple de tomar para este contexto, sobre todo, por lo que implica en términos económicos. 
-¿Cómo se analiza el caso de Kicillof, que fue el primero en respaldar al Presidente pero por su cuenta no avanzó en otras restricciones? 
-Me parece que el que lleva adelante la medida es Alberto Fernández. Kicillof fue el que planteó primero endurecer las restricciones. En este contexto, no queda en claro su responsabilidad en término de la toma de la medida.




Orlando Ferreres, Economista
“El PBI puede bajar un punto con todas las restricciones que comienzan”


-¿Qué impacto tendrán en la economía las restricciones para el AMBA decretadas por el Gobierno nacional? 
-Va a tener un impacto negativo. Con el nivel de actividad que hay en el mes de marzo, ya estamos teniendo un arrastre de la economía de 8 por ciento para el PBI del año. Puede bajar un punto con todas las restricciones que comienzan. En comparación con abril, mayo y junio de 2020, que dieron una caída del 20 por ciento, ahora, en el segundo trimestre va a dar un aumento del 18 del PBI. Por eso no sé si le conviene al Gobierno postergar las PASO, porque ahí tendrías un número para mostrar, cuando se publique en agosto. Va a dar una impresión positiva, aunque después baje. Desde el punto de vista de las vacunas puede ser bueno ganar un mes, pero desde el económico es mejor dejarlo como está.
-Esta inyección de dinero que el Gobierno impulsará para paliar los cierres, ¿puede redundar en un alza de la inflación? 
-Seguramente. Ya no hablamos del 29 por ciento, como estaba previsto, porque con este 4,8 de inflación en marzo, seguramente va a dar diez puntos más. Pero va a ser peor. Después de atrasar el tipo de cambio se van a tener que corregir las cosas una vez pasadas las elecciones, y se pueden venir nuevos aumentos hacia fin de año. ¿Qué pasa cuando uno da aumentos del 32 por ciento en los salarios pensando que la inflación es de 29 y después sube a 39? Hay que dar una segunda corrección para que el salario real pueda aumentar antes de las PASO, que serían en septiembre. Eso podría implicar algún aumento de los precios en la medida de que de algún lado tiene que salir. 
-¿Se complica el pago de compromisos de la Argentina con el exterior? 
-Habría que ver cómo funciona todo el asunto de los déficits del FMI, que entrarían también como un aspecto fiscal; hay que ver si por debajo de la línea financiera o no. Recibimos los 4.400 millones de dólares (para solventar gastos sociales), pero se van a utilizar las reservas del Banco Central para pagarle al FMI, y posiblemente al Club de París. Mientras tanto se va a seguir negociando con el Fondo el programa de diez años. Con el FMI se va a llegar a un cierto acuerdo, que va a ser una jugada racional, y nos vamos a encontrar con una cierta bajante de la inflación en los próximos años. Ahí sí se puede cumplir lo que decía Guzmán de que la inflación baje de a cinco puntos por año.



Agustín D’ Atellis
“Se va a requerir más asistencia a sectores que no pueden subsistir”


-¿Qué impacto tendrían en la economía las restricciones para el AMBA decretadas por el Gobierno nacional? 
-Primero, estas medidas, por ahora van sobre un sector en particular: gastronomía, bares y restaurantes, hoteles y cines y actividades culturales. La suma de todos esos rubros tiene una representación baja en el PBI, 4 o 5 puntos. Ahora, por cómo viene la cuestión, creo que en algún momento va a haber que avanzar en medidas más restrictivas, y ahí sí va a haber más impacto en la expectativa de crecimiento. Pero sobre todo, lo que va a complicar más es que este freno va a requerir más asistencia sobre sectores que no tienen más forma de subsistir, y esta no está prevista desde el Estado. Los programas como el ATP o IFE se eliminaron del Presupuesto el año pasado. 
-¿Es decir? 
-Ahí tenés un desajuste macro importante, porque costaría mucho cumplir con las metas fiscales. No hay alternativas de financiamiento en la economía argentina hoy por hoy, por lo que se va a caer otra vez en la emisión monetaria, que venía controlada en los últimos meses. Esto va a generar una expectativa inflacionaria más fuerte, en un contexto donde no se logra que afloje ni siquiera con la recesión en el medio. También va a generar, a medida que pasen las semanas, una tensión en la brecha cambiaria y que este aumento va a tener un traslado adicional a precios. Más allá de esto, estás hablando de recuperar parte de lo perdido el año pasado, y además tenés un crecimiento que no está generando empleos al nivel que sería necesario. 
-Con esta inyección de dinero para sostener el cierre, ¿se complica el pago de compromisos de la Argentina con el exterior? 
-Sí, porque en el acuerdo que viene trabajando Martín Guzmán con el FMI hay una meta fiscal, y si tenés que empezar a implementar programas más fuertes, se te aleja.



Inflación e Indec
Un dolor de cabeza que se incrementa para el Gobierno


Consultados por La Tecla, los economistas Agustín D’Attellis y Orlando Ferreres coincidieron en que la inflación, que en marzo fue del 4,8% y es la más alta desde que asumió, es un gran problema que afronta Alberto Fernández. Y que se agravará con las medidas de ayuda para asistir a quienes son alcanzados por las restricciones. D’Attellis anticipó un inconveniente con las paritarias, porque “la intención del Gobierno es cerrar acuerdos que permitan recomponer el salario, pero se va a hacer muy difícil, porque la meta del 29 quedó atrás. Vas a tener 12 puntos (de inflación) acumulados en el primer trimestre”. “Lo que planteó Guzmán con el 29 por ciento era la intención de ponerle una expectativa concreta a la paritaria, pero cerrar con esa meta ya olvidada es muy difícil. Y si empezás a cerrar paritarias en el orden del 40 por ciento se desmadra todo”, completó. Por su parte, Ferreres aseveró que “el Gobierno está tratando de ir frenando el dólar; de hecho está aumentando mucho menos el tipo de cambio oficial. Yo creo que eso, con el tiempo y estos aumentos de inflación como el que tuvimos en marzo, lo van a dejar atrasado bastante, y eso sería complicado”. Además, el titular de Orlando Ferreres & Asociados mostró disconformidad con un posible cambio en la conducción del Indec. “Esperemos que eso no ocurra, estamos tranquilos con (Marco) Lavagna. Cuando Guillermo Moreno dirigía el Indec, Lavagna daba los datos para el índice del Congreso, que era más o menos la realidad”, sentenció. Por su parte, el consultor Carlos Germano expresó que las restricciones tendrán un efecto “muy negativo”, porque, “indudablemente, tienen un problema grave con la inflación y los precios. Allí se ve un grado de improvisación importante, repitiendo históricamente lo que se viene dando en la Argentina durante los últimos 50 años, y siempre con devaluaciones”.