Enduro en Pinamar: el día después y varias preguntas sin responder
Sin mediciones previas y posteriores a la intervención, especialistas advierten que la restauración del circuito del Enduro podría quedar reducida a una cuestión visual.
Agrega La Tecla a tus medios preferidos en Google.
El Enduro de Invierno ya pasó. Las motos dejaron la playa de Pinamar y el circuito comenzó a ser desmontado, pero la discusión ambiental que rodeó al evento está lejos de cerrarse. Ahora el interrogante ya no es si la competencia se iba a realizar, sino qué intervención quedó sobre la costa después de una carrera que requirió modificar el terreno durante los días previos.
El punto más controvertido estuvo en el armado del circuito, que se extendió durante unos tres kilómetros de la playa central. Para preparar el trazado se utilizó maquinaria pesada y se removieron y redistribuyeron grandes cantidades de arena. El problema planteado por organizaciones ambientalistas y vecinos no se limita a la presencia de vehículos: la preocupación está puesta en la alteración de un sistema costero que funciona con una dinámica propia y que, en algunos sectores, había alcanzado condiciones naturales de estabilización.
Desde la organización se había asegurado que el circuito sería desmontado dentro de las 72 horas posteriores a la competencia y que el lugar recuperaría su morfología original. Pero allí aparece una de las principales preguntas que deja el Enduro: ¿cómo se comprueba que una playa intervenida volvió realmente a su estado anterior? Que la arena haya sido nuevamente distribuida no necesariamente significa que se haya recuperado la configuración natural que tenía antes de las obras.
Para responder esa pregunta hacen falta elementos concretos. Comparar el ancho y la altura de la playa antes y después, verificar cómo quedaron los sectores intervenidos y determinar qué ocurrió con los sistemas de protección natural de la costa permitiría establecer si hubo una restauración efectiva. Sin mediciones previas y posteriores, la discusión corre el riesgo de quedar reducida a una cuestión visual: si la playa parece igual, se considera que fue recuperada.
La controversia también vuelve a poner bajo la lupa los controles ambientales. Antes del evento, el Ministerio de Ambiente bonaerense había informado que no tenía registrado un estudio de impacto ambiental presentado específicamente para el Enduro, mientras que desde el municipio se había sostenido que la organización había presentado documentación ambiental. Esa diferencia, que ya había quedado planteada antes de la carrera, adquiere ahora otra dimensión: conocer qué estudios se realizaron, qué aspectos analizaron y qué organismo evaluó las consecuencias de intervenir sobre la playa.
También queda pendiente determinar cómo se aplicaron las normas municipales que protegen los médanos y regulan el movimiento de arena. Pinamar cuenta con ordenanzas que establecen restricciones para modificar la altimetría y extraer o trasladar arena de sectores de la costa. La existencia de esas normas plantea una cuestión concreta: no alcanza con que una intervención tenga autorización política si las condiciones establecidas por la legislación ambiental no fueron evaluadas y controladas de manera adecuada.
El impacto potencial, además, no se agota en la forma que adquiere la arena. La modificación del terreno, el tránsito de cientos de motos y cuatriciclos y el ruido pueden afectar sectores intermareales y organismos que forman parte del ecosistema costero. Son procesos que no necesariamente pueden advertirse inmediatamente después de una competencia y que requieren otro tipo de seguimiento.